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Cómo llegó el Banco Central Europeo a controlar el destino de la economía mundial

Mark Weisbrot
The Guardian Unlimited,
30 de julio de 2012
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Los mercados de valores mundiales y los mercados de bonos europeos se recuperaron la semana pasada en respuesta a tres palabras de Mario Draghi, jefe del BCE: que el BCE haría “lo que fuese” para proteger el euro. Esto se interpretó como una promesa de intervenir en los mercados de bonos soberanos, con el fin de hacer bajar los tipos de interés de España e Italia.

¿Qué significa todo esto para la gente en la calle en la Eurozona, en España -donde la tasa de desempleo acaba de alcanzar la cifra récord del 24,6%- en Asia, África, América Latina o incluso los Estados Unidos? Significa que el BCE siempre ha tenido, y tiene, el poder de poner fin inmediatamente a la crisis de la Eurozona, pero se ha negado a hacerlo. Y no por las razones económicas generalmente aceptadas -como es la intranquilidad sobre la deuda soberana o la inflación- sino que se ha negado a poner fin a la crisis por una razón nefaria: para forzar a las economías más débiles de Europa a aceptar una agenda política regresiva, lo que incluye recortes en los salarios mínimos y las pensiones, el debilitamiento de las leyes laborales y la negociación colectiva y la reducción de los servicios que presta el Estado.

El BCE y sus aliados temieron que si hubiesen estabilizado estos mercados de bonos, su apalancamiento sobre los países periféricos se reduciría. De modo que, durante más de seis meses, el BCE se ha negado a comprar bonos españoles, lo que haría bajar la rentabilidad, como lo hizo en las crisis similares el año pasado. Esto constituye un sucio juego de la gallina, porque el BCE obviamente no quiere llegar a un punto en que la crisis esté fuera de control.

Lo que ocurrió la semana pasada es que el BCE por fin pestañeó frente a los temores de una recesión mayor y las presiones políticas. De acuerdo con las notas de prensa, algunas presiones procedieron de François Hollande de Francia, elegido por los votantes que estaban en contra de las medidas de austeridad, y otras presiones procedieron incluso del FMI. Éste forma parte de la Troika -junto con el BCE y la Comisión Europea- que establece la política económica de la Eurozona, pero es un socio subordinado. El gobierno de Obama ha presionado también a las autoridades europeas para que no sean tan extremas, porque la perezosa economía estadounidense pone en peligro sus posibilidades de reelección.

Aunque es verdad que los mercados financieros que se recuperaron la semana pasada no son lo mismo que la economía mundial, la incertidumbre que las autoridades europeas han creado y exacerbado ha hecho mella no sólo en estos mercados, sino también en el crecimiento económico real en gran parte de la economía mundial, desde Corea del Sur hasta Brasil. Se espera que la economía mundial crezca un 3,5% este año frente al 5,3% en 2010. Esto representa una diferencia de decenas de millones de empleos a nivel mundial y más de un billón de dólares de ingresos perdidos. Mientras hay debilidades internas en varios países y regiones -lo que incluye las dos mayores economías nacionales, China y los Estados Unidos- parece que el desorden en Europa es en este momento el mayor lastre para la economía mundial.

España ha sido últimamente el epicentro de la tormenta, en primer lugar debido a los graves problemas de su sistema bancario. Pero entonces los mercados empezaron a especular contra sus bonos soberanos, con Italia también bajo amenaza. Estos gobiernos “demasiado-importantes-para-caer” (en términos de su deuda soberana) han visto que la rentabilidad de los bonos alcanza unos niveles que han generado un temor y una incertidumbre cada vez mayores en Europa y en los mercados mundiales. Y aquí es donde tiene la clave una institución [el BCE], cuyos fundadores consideran “independiente”.

Con sólo tres palabras, Mario Draghi hizo bajar la rentabilidad de los bonos españoles e italianos y la caída seguía el viernes [29 de julio] cuando Hollande y Merkel emitieron una declaración conjunta -que se interpretó como un apoyo a Draghi- de “hacer todo para proteger” el euro.

El bono español a 10 años que sirve de benchmark [técnica que mide el rendimiento] está ahora a más de un punto porcentual de su récord de la semana pasada, del 6,6%. Todavía es demasiado alto, pero se han disipado los temores de que el bono alcance niveles en los que España ya no pueda pedir prestado en los mercados privados, como ocurrió en Grecia, Irlanda y Portugal.

Está claro que los mercados han exagerado la probabilidad de que España pudiera suspender pagos. España tiene alrededor de 94.000 millones de euros de deuda prorrogable al año próximo, de modo que incluso si tuviera que pedir prestado con los tipos de interés tan altos como hoy, no se incrementaría significativamente la carga de la deuda. También podría pedir prestado a corto plazo. España paga actualmente en torno al 2,4% del PIB en concepto de intereses sobre la deuda pública, lo que es bastante razonable.

En realidad, son las acciones de los especuladores en los mercados financieros las que han llevado la rentabilidad de los bonos españoles a estos niveles. Pero el BCE lo permitía para conseguir sus propósitos políticos. Lo que hizo Draghi ayer fue informar a los especuladores de que su apuesta contra estos bonos podría ser doble; es decir, podrían perder dinero cuando intervenga el BCE. Ahora veremos hasta qué punto el BCE está comprometido con la estabilización de los mercados de bonos.

En menos de 24 horas, el banco central alemán intentó echar una jarra de agua fría sobre la declaración de Draghi al oponerse a la compra de bonos soberanos. Aunque es el país más poderoso de la Eurozona, el Bundesbank no necesariamente puede vetar una decisión tomada por el Consejo del BCE, de 23 miembros. Pero Alemania tiene mucho peso y su oposición indica que la lucha seguirá entre los dirigentes de Europa sobre cuánto hará el BCE para contener la crisis actual.

Por supuesto, la contención y la resolución de la crisis inmediata es una cosa y otra sacar la Eurozona de la recesión y volver a mayores niveles de empleo. El BCE podría poner fin a la crisis al fijar un techo razonable a la rentabilidad de los bonos soberanos españoles e italianos, y de esta manera acabar con los temores de la suspensión de pagos de la deuda soberana en estos países. Pero para conseguir la recuperación económica en Europa las autoridades europeas tendrían que dar marcha atrás en sus políticas fiscales destructivas; es decir, el ajuste presupuestario que ha empujado a la Eurozona hacia su segunda recesión en tres años. La gente con sentido común lucha por esto en Europa.

Mientras tanto, el exprimer ministro griego Georgios Papandreou dijo la semana pasada lo que no quiso decir durante su mandato y lo que algunos habíamos sospechado: que el propósito de las políticas impuestas por la Troika a Grecia fueron aún peores que las políticas regresivas descritas más arriba. “Se trataba de castigar”, dijo, “porque si se ponía fácil el rescate, otros países habrían querido lo mismo”.

Ésta parece una de las razones por las que las autoridades europeas han destruido la economía griega. Es evidente que no es por falta de recursos que la Troika se encamina hacia otra confrontación con Grecia, frente al encogimiento previsto de su economía del 7% para este año: los miles de millones de euros procedentes del obligado recorte presupuestario de los próximos dos años son dinero de bolsillo para las autoridades europeas, pero significan dolor y desempleo para el pueblo griego.

Todavía queda camino antes de que las autoridades europeas pongan fin a la destructiva ingeniería social y al daño colateral que causa a la economía mundial.


Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C. Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es también presidente de la organización Just Foreign Policy.

 

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