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Dadme libertad o dadme deuda

Dan Beeton
Third World Quarterly, 28 de mayo, 2013
El Mono Político, 17 de junio, 2013
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“El colonialismo está de regreso”, empezaba el economista de Cambridge Ha-Joon Chang una columna el 25 de noviembre en The Guardian, en la que señalaba:

Alex Tsipras, líder del partido de oposición [griego] Syriza, dijo la semana pasada que su país se estaba convirtiendo en una “colonia de deuda”. Un par de días después, Hernán Lorenzino, ministro de Economía de Argentina, utilizó el término “colonialismo judicial” para denunciar la decisión de la Corte de EUUU de que su país tiene que pagar por completo a un grupo de “fondos buitre” que se había negado a participar en la reestructuración de la deuda que siguió a la suspensión de pagos del país de 2002.

Chang observa que con las compañías existen reglas claras que limitan el potencial de los prestamistas contrarios a la restructuración de deuda para torpedear el proceso, pero “desafortunadamente no existe un mecanismo semejante para los países, que es la razón por la cual sea tan difícil de manejar la crisis de la deuda soberana”. Uno necesita tan solo mirar los titulares recientes sobre Argentina para ver ejemplos. Tiempo atrás, cuando la economía argentina lo estaba haciendo bien, los tenedores de bonos argentinos asumieron un riesgo –y perdieron, cuando golpeó la crisis financiera y Argentina fue forzada a devaluar su moneda–. Ahora, los propietarios de deuda argentina contrarios a su reestructuración son como un furioso jugador de póker que pierde en justa lid pero exige pese a todo que le devuelvan su dinero.

Parte de la vieja deuda argentina está en manos de los fondos buitre que menciona Lorenzino, los cuales han devuelto el remanente de deuda argentina a las noticias de una gran manera. ElLibertad, buque de la armada argentina, fue detenido en Ghana en octubre “por una orden judicial requerida por NML Capital LTD, filial la firma de inversiones Elliott Management, según informó Reuters. Elliot Management es lo que se conoce como “fondo buitre” y la dirige el milmillonario Paul El Buitre Singer, y tiene a los Romney entre sus inversores. Los fondos buitre tienen la práctica de comprar deuda mala –véase, inherentemente barata– y utilizar una variedad de tácticas (en este caso, piratería estilo siglo XVII) con el fin de presionar al deudor para que pague la mayor cantidad posible del valor original de la deuda.

Como ha explicado el codirector del CEPR Mark Weisbrot en varias investigaciones y artículos, Argentina ha disfrutado de un éxito económico considerable en los últimos diez años en gran parte porque decidió suspender temporalmente el pago de su deuda como un paso necesario para arrancar su recuperación económica tras la crisis financiera y casi cuatro años de recesión. En 2005, Argentina negoció con sus acreedores, el 75% de los cuales acordó aceptar 35 céntimos por dólar por sus bonos argentinos. Fue la minoría que rechazó llevar adelante la negociación la que continúa creando problemas, ahora “amenazando no solo con poner fin a la recuperación de Argentina, sino con crear una nueva ronda de tormenta en el mercado financiero internacional”, según Chang.

Las acciones del Gobierno argentino quebraron el poder del FMI y cambiaron la dinámica de poder entre las instituciones financieras internacionales y los países en vías de desarrollo. En los años transcurridos desde entonces, Brasil saldó más temprano su deuda con el FMI y el Club de París; el Gobierno boliviano de Evo Morales dijo con rapidez al FMI que no necesitaba de un acuerdo con el Fondo; y la Administración Correa en Ecuador llevó acabo una auditoría de la deuda y determinó que unos 3.200 millones de dólares de su deuda era deuda ilegítima y no se pagaría.

Estos y otros economistas argumentan que Grecia, modelo actual de crisis de deuda, podría hacer algo mucho peor que seguir el ejemplo argentino y dar prioridad al empleo y a la lucha contra el hambre y la pobreza por encima del pago de intereses a sus acreedores. Como escribe Chang:

Al no poder ir oficialmente a la quiebra, los países se enfrentan a una elección cruda. O suspenden pagos y se arriesgan a la exclusión del mercado financiero internacional (ejemplo de Argentina) o tienen que optar por una quiebra de hecho, en la cual simulan que no han suspendido pagos realizando repagos completos de sus créditos existentes con dinero prestado por las instituciones públicas, como el FMI y la Unión Europea, mientras intentan negociar una reestructuración de la deuda.

El problema con esta solución es que, en ausencia de reglas claras, el proceso de renegociación de la deuda se vuelve largo y puede empujar la economía hacia una espiral descendente.

Grecia se ajusta al patrón de países que continuamente se infligen más dolor por seguir los dictados del FMI y –peor aun en el caso de Grecia– del Banco Central Europeo y la Comisión Europea. Esas instituciones han exigido continuamente una dura austeridad –aplastando salarios, manteniendo un elevado desempleo, recortando el gasto público–, pero tales políticas son pro-ciclicas. Ellas inhiben el crecimiento económico y colocan a Grecia en situación de requerir aun otro “rescate”. Aunque el FMI ha sido más razonable que el BCE, y aunque recomendó en algunos casos estímulos económicos durante la reciente recesión global, el CEPR descubrió que 31 o 41 de sus acuerdos con países en 2009 contenían políticas monetarias o fiscales pro-cíclicas. El consejo del FMI parecía más dirigido a prolongar la caída económica que a ayudar.

Para usar otro ejemplo, la carga de la deuda de Jamaica es la más alta del mundo, incluso mayor que la de Grecia, con el resultado de una década de crecimiento negativo del PIB por habitante. Pero incluso después de que el país fuera golpeado por el huracán Sandy y sufriera daños por cerca de 60 millones de dólares (un 2% del gasto del Gobierno sin intereses), el FMI sigue insistiendo en la austeridad para Jamaica, como apuntó recientemente en un post mi colega Jake Johnston.

¿Cuál es aquí la lección para los países en vías de desarrollo golpeados por la deuda? Juega fuerte con tus acreedores y puedes ser capaz de crecer desde la depresión. Pero continúa siguiendo el consejo de los grandes acreedores y sus brazos ejecutores –el FMI, BCE, etc.­– y puedes verte atrapado en un ciclo de deuda desagradable por mucho tempo.


Dan Beeton, analista político y coordinador de Comunicaciones Internacionales para el Centro de Investigación Económica y Política de Washington, D.C.

 

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