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El Sendero de América Latina para su Independencia

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Mark Weisbrot
The Guardian Unlimited, 25 de febrero, 2010 En inglés

América Latina dio otro paso histórico esta semana con la creación de una nueva organización regional de 32 países latinoamericanos y caribeños. Los Estados Unidos y Canadá fueron excluidos.

La creciente independencia de América Latina ha sido uno de los cambios geopolíticos más importantes de la década, afectando no sólo a la región pero también al resto del mundo. Por ejemplo, Brasil ha respaldado públicamente el derecho de Irán a enriquecer uranio y se ha opuesto a sanciones adicionales en contra del país. América Latina, previamente bajo el control de Estados Unidos, está emergiendo cada vez más como un bloque de poder con sus propios intereses y agenda.

La continuación de las políticas del Presidente Bush por parte de la Administración de Obama en la región ha sin duda ayudado a estimular la creación de esta nueva organización, provisionalmente llamada la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Más importante, la ambivalencia del equipo de Obama ante el golpe militar que derrocó al gobierno democrático del Presidente Mel Zelaya en Honduras durante el verano pasado provocó un profundo resentimiento y desconfianza en toda la región.

A pesar que la administración de Obama estuvo oficialmente en contra del golpe, innumerables acciones desde el primer día – incluyendo el primer comunicado de la Casa Blanca que no condenó el golpe cuando ocurrió – dejaron claro en el mundo diplomático que su verdadera posición era diferente. El colmo ocurrió en noviembre de 2009 cuando la administración de Obama se encargo de un acuerdo para el retorno de Zelaya, y después se unió a la dictadura incumpliendo el acuerdo. Washington después se opuso a la mayoría de países de la región al respaldar la elección presidencial de noviembre realizada bajo una dictadura, la cual había reprimido sistemáticamente los derechos elementales y las libertades civiles necesarias para una campaña electoral.

Arturo Valenzuela, jefe oficial del Departamento de Estado para América Latina, dijo que esta nueva organización no debe ser un esfuerzo para reemplazar a la OEA.

Las diferencias detrás de la necesidad de una nueva organización fueron claras en los comunicados y declaraciones que ocurrieron en la Cumbre de la Unidad, celebrada en Cancún de febrero 22 a febrero 23. La cumbre emitió un fuerte comunicado respaldando a Argentina en su disputa con el Reino Unido sobre las Malvinas o las Islas Falklands (como son llamadas en Inglaterra). La disputa, que data desde el siglo XIX y originó una guerra en 1982, se ha convertido más prominente últimamente puesto que el Reino Unido ha decidido de manera unilateral explorar la zona en busca de reservas de petróleo. El Presidente Lula da Silva pidió que las Naciones Unidas tomen un rol más activo en resolver la disputa. Y la cumbre condenó el embargo de Estados Unidos en contra de Cuba.

Sería difícil o imposible aprobar estas y otras medidas en la OEA. Además, la OEA ha sido manipulada por mucho tiempo por Estados Unidos, como en el 2004 cuando fue utilizada para ayudar a generar el respaldo al golpe de estado que derrocó al presidente electo de Haití. Y más recientemente, los Estado Unidos y Canadá impidieron a la OEA tomar medidas más fuertes en contra de la dictadura hondureña el año pasado.

Mientras tanto, en los círculos de política internacional de Washington se vuelve cada vez mas difícil mantener la desgastada ficción que las diferencias con la región son el resultado de la “falta de participación” del Presidente Bush, o son culpa de unos pocos alborotados izquierdistas como Bolivia, Nicaragua y por supuesto la temida Venezuela. Parece haber pasado desapercibido que Brasil ha tomado las mismas posiciones de Venezuela y Bolivia acerca de Irán y otros asuntos de política internacional, y ha respaldado fuertemente a Chávez. Tal vez el liderazgo de México – un gobierno de derecha que era uno de los pocos aliados de la Administración de Bush – en establecer esta nueva organización estimulará cierto replanteamiento.

Hay razones estructurales para que este creciente proceso de independencia continúe; aun si – y esto no esta en el horizonte – un nuevo gobierno en Washington fuera algún día capaz de moverse de su replicada estrategia de Guerra Fría para la región. Los Estados Unidos se ha convertido cada vez menos importante como un socio comercial para la región, especialmente desde la reciente recesión debido a que el déficit comercial del país se ha reducido. La región también tiene cada vez más fuentes alternativas de inversión de capital. El colapso del cartel financiero del FMI en la región ha eliminado la vía más importante de influencia de Washington.

La nueva organización es muy necesaria. El golpe de estado en Honduras fue una amenaza a la democracia para la región entera, puesto que alentó a otros militares de derecha y a sus aliados a pensar que ellos podrían llevar a América Latina a aquellos días cuando las elites locales, con la ayuda de Washington, podían darle la vuelta a la voluntad del electorado. Una organización sin los Estados Unidos y Canadá será más capaz de defender la democracia, así como también el progreso económico y social en la región cuando este sea atacado. También tendrá una influencia positiva en ayudar a crear un mundo más multi-polar internacionalmente.


Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C. Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es coautor, junto con Dean Baker, del libro Social Security: The Phony Crisis (University of Chicago Press, 2000), y ha escrito numerosos informes de investigación sobre política económica. Es también presidente de la organización Just Foreign Policy.