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Estados Unidos demuestra su desprecio por la democracia venezolana

Mark Weisbrot
The Guardian Unlimited, 22 de abril, 2013
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Mientras que la mayor parte de la noticia acerca de Venezuela, en la semana transcurrida después de la elección presidencial del 14 de abril, se ha enfocado en los esfuerzos del candidato perdedor Henrique Capriles por impugnar los resultados, otra campaña, basada en Washington, fue bastante reveladora –y ambas, sin duda alguna, están relacionadas. Sin el fuerte apoyo de Washington –la primera vez que se negó a reconocer un resultado electoral venezolano– es poco probable que Capriles se hubiera unido a los elementos más radicales de su bando para pretender que la elección fue robada.

Los esfuerzos de Washington por deslegitimar la elección señalan una escalada importante en los esfuerzos de EE.UU. por implementar un ‘cambio de régimen’ en Venezuela. Desde su participación en el golpe militar del 2002, el gobierno de los EE.UU. no había puesto tanto esmero en promover el conflicto abierto en Venezuela. Cuando la Casa Blanca anunció por primera vez el pasado lunes que una auditoría de 100% de los votos sería un “paso importante, prudente y necesario”, no se trataba de un auténtico esfuerzo por promover un reconteo.

Equivalía a decirle al gobierno de Venezuela lo que era necesario para que sus elecciones fueran legítimas. También tenían que saber que [la declaración] no haría más probable tal reconteo. Y también fue esta su respuesta rápida a los esfuerzos de Nicolás Maduro, según el New York Times del 15 de abril, por procurar mejores relaciones con la administración de Obama, a través del ex-secretario de energía bajo Clinton, Bill Richardson.

Pero los esfuerzos del equipo de Obama fracasaron estrepitosamente. El miércoles, el gobierno de España, el único aliado importante de Washington que apoyaba una “auditoría al 100%”, revirtió su posición y reconoció la elección de Maduro. Luego el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, se retrajo de su previo alineamiento  con la administración Obama y reconoció el resultado electoral.

No solo fueron los gobiernos de Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia, Uruguay, entre otros, quienes rápidamente felicitaron a Maduro por su victoria; también se sumaron México, Colombia, la República Dominicana, Guatemala, Haití y otros gobiernos no de izquierda. La administración Obama estaba completamente aislada en el mundo.

Los esfuerzos torpes de Washington también ayudaron a resaltar el tema de la elección como asunto de soberanía nacional, algo que es altamente valorado en la región. " los estadounidenses se dedican a poner en duda una elección ajena. Deberían preocuparse por ellos mismos y dejar que nosotros elijamos nuestro destino," dijo Lula da Silva en una concentración en Brazil. Por supuesto, se vislumbraban ironías punzantes: George W Bush "derrotó" a Gore en el 2000, perdiendo el voto popular y "ganando" Florida oficialmente por unos 900 votos, sin reconteo oficial alguno.

Pero la exigencia de un reconteo en Venezuela era una farsa desde el principio. Los votantes marcan su selección al presionar una pantalla táctil en una computadora, que imprime un comprobante del voto. El votante verifica el comprobante y lo deposita en una caja de resguardo. Al cerrar el proceso electoral, el 53% de la máquinas son aleatoriamente seleccionadas y sus resultados se contrastan con el papel, frente a testigos de todas las partes. No hubo informes de discrepancias, hasta ahora ni siquiera del lado opositor.

El representante de la oposición en el Consejo Nacional Electoral, Vicente Díaz, reconoció que “no tenía dudas” acerca de la exactitud del escrutinio. “No tener dudas” es poco decir. Mi colega, David Rosnick, calculó la probabilidad de que la extensión de la auditoría al 47% restante de las máquinas cambiaría el resultado de la elección: alrededor de una en 25 mil trillones.

El jueves por la noche, el CNE de Venezuela acordó realizar una auditoría completa de los votos restantes y Capriles canceló sus protestas. Pero no queda claro lo que implica la auditoría. El voto legal en Venezuela es el voto en la máquina (como en ciertas partes de los EE.UU. donde existe el voto electrónico); el comprobante de papel no es un voto, y no se sabe con certeza si sería posible auditar los votos restantes de la misma manera que los primeros 53% fueron auditados en el propio lugar.

El miércoles, el Secretario de Estado, John Kerry, afirmando frente al Congreso, el rechazo de EE.UU. en reconocer las elecciones venezolanas, se refirió a América Latina como el “patio trasero” de los Estados Unidos. ¡Ay! Bueno, el desprecio era obvio de todos modos, ¿no es cierto?


Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C. Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es también presidente de la organización Just Foreign Policy.

 

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