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La elección de Chávez no es tan diferente a las del resto de Sudamérica

Mark Weisbrot
The New York Times (International Herald Tribune), 9 de octubre, 2012
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Hugo Chávez fue relegido presidente de Venezuela el domingo, con un margen de 11 puntos porcentuales. Para la mayoría de gente que ha oído o leído sobre Chávez en los medios internacionales, esto puede ser desconcertante. Casi todas las noticias que vemos sobre Venezuela son malas: Chávez es un cascarrabias y siempre quiere pelear con EE.UU. y toma partido con los “enemigos” como Irán; es un “dictador” o “tirano” que ha derrochado las riquezas de petróleo de la nación; que la económica está plagada de escasez y que normalmente está a punto de un colapso. 

Y también está el otro lado de la historia: Desde que el gobierno de Chávez tomó control de la industria petrolera de la nación, la pobreza se redujo por la mitad y la pobreza extrema por un 70 por ciento. Las matriculaciones universitarias se han duplicado, millones de personas tienen acceso a servicios médicos por primera vez, y el número de personas que califican para pensiones públicas se ha cuadruplicado.

Así que no es sorprendente que la mayoría de venezolanos volvieran a elegir al presidente que ha mejorado sus niveles de vida. Esto es lo que ha pasado con todos los gobiernos de la izquierda que ahora gobiernan la mayor parte de Sudamérica: los han relegido. Esto es a pesar de que ellos, como Chávez, tienen a la mayoría de los medios de sus países en contra, y la oposición tiene la mayoría de la riqueza e ingresos de sus países.

La lista incluye a Rafael Correa, relegido como presidente de Ecuador con un gran margen en 2009; el extremadamente popular Lula da Silva de Brasil, relegido en 2006, y quien hizo una exitosa campaña para su ex jefa de gabinete, y ahora presidenta Dilma Rousseff, en 2010; Evo Morales, el primer presidente indígena en un país que es indígena en mayoría, relegido en 2009; José Mujica quien sucedió su predecesor de la misma alianza política en Uruguay – el Frente Amplio – en 2009; Cristina Fernández sucedió a su esposo, Néstor Kirchner, ganando las elecciones presidenciales en Argentina con un margen solido – también con la mayor parte de los medios en contra de ella. 

Todos estos presidentes de la izquierda y sus partidos políticos ganaron relección porque, como Chávez, han traído mejorías importantes, en unos casos enormes, con respecto a niveles de vida. Todos ellos originalmente hicieron una campaña en contra del “neo liberalismo,” término usado para describir las políticas de los últimos 20 años, cuando América Latina vivió su peor fracaso de crecimiento económico a largo plazo en más de un siglo.

No es sorprendente que los otros gobiernos de la izquierda vean a Venezuela como parte de un equipo que ha traído más democracia, soberanía nacional, y progreso económico y social a la región. Sí, también democracia: hasta la Venezuela actual más maligna es reconocida por investigaciones académicas por ser más democrática que en la era antes de Chávez. 

Y la democracia estuvo en juego cuando Sudamérica se unió en contra de Washington sobre temas como el golpe militar de 2009 en Honduras.   Las diferencias fueron tan pronunciadas que llevaron a formar una nueva organización del hemisferio entero incluyendo a todos los países con la excepción de EE.UU. y Canadá, fue una alternativa a la Organización de Estados Americanos que es dominada por EE.UU.

El mes pasado Lula dijo: “Una victoria para Chávez (en las elecciones que vienen) no solo es una victoria para la gente de Venezuela, pero también es una victoria para toda la gente de América Latina…ésta victoria le dará otro puño al imperialismo.” Los otros presidentes de la izquierda tienen el mismo punto de vista sobre Chávez. 

El gobierno de Bush siguió una estrategia de intentar aislar a Venezuela de sus vecinos, y terminó aislándose a si mismo. El presidente Obama prometió en la cumbre de las Américas de 2009 seguir un curso diferente, pero no lo hizo, y en la cumbre de 2012 fue aislado, como su predecesor. 

Aunque los medios han sido dominados por historias de un colapso inminente de la economía de Venezuela por más de una década, no ha pasado y no es probable que pase. Después de recuperarse de la recesión que comenzó en 2009, durante la crisis económica mundial, la economía de Venezuela ha estado creciendo por dos años y medio y la inflación ha caído, claramente, mientras que el crecimiento ha acelerado. El país tiene un superávit de comercio grande. Su deuda pública es relativamente baja como es su servicio de la deuda. Hay bastante espacio para pedir prestado moneda extranjera (le pidió prestado $36 billones a China, en su mayor parte con una tasa de interés muy baja), y también puede pedir prestado domésticamente con una tasa de interés real baja o negativa. Así que si los precios del petróleo se cayesen temporalmente (como en 2008-2009), no habrá necesidad de austeridad ni de una recesión. Y casi nadie está prediciendo un colapso de precios petroleros a largo plazo. 

El embargo económico de EE.UU. en contra de Cuba ha persistido por más de medio siglo, a pesar de su obvia estupidez y fracaso. La hostilidad de EE.UU hacia Venezuela lleva 12 años, pero no demuestra ninguna señal de ser reconsiderada, a pesar de que también esté alienando al resto del hemisferio. 

Venezuela tiene 500 billones de barriles de petróleo y los está quemando actualmente a alrededor de un billón de barriles al año. Lo más seguro es que Chávez o un sucesor del mismo partido político gobiernen el país por muchos años más. La única pregunta es cuando- si es que alguna vez- Washington aceptará los resultados de los cambios democráticos en la región.


Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C. Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es también presidente de la organización Just Foreign Policy.

 

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