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La verdad sobre Venezuela: una revuelta de la gente acomodada, nada de “campaña de terror”

Mark Weisbrot
The Guardian, 20 de marzo 2014
La Jornada, 30 de marzo 2014

En inglés | En italiano

Ver la versión original (en inglés)

Traducción: Leticia Palma

La imágenes forman una realidad, esto otorga un poder a la televisión y al video y a la fotografía misma. Las imágenes pueden anidarse en lo más profundo de la conciencia aun sin darnos cuenta. Yo pensaba que era inmune a las imágenes repetitivas que muestran Venezuela como un estado fallido en la agonía de una rebelión popular. Sin embargo, no estaba preparado para lo que presencié en Caracas durante este mes: lo poco afectada que parece estar la vida cotidiana a pesar de las protestas, la normalidad que prevalece en casi todas las zonas de de esa ciudad. Sin lugar a dudas, yo también fui cooptado por la imagen ofrecida en los medios.

Varios medios de comunicación de gran audiencia han reportado certeramente que los pobres en Venezuela no se han unido a las protestas de la oposición conservadora, pero esta es una narración incompleta: no solamente los pobres se están absteniendo de protestar en Caracas, sino que se debería incluir a casi todos los sectores de la población, a excepción de unas cuantas áreas de gente adinerada como es la de Altamira, un sector en donde pequeños grupos de opositores participan en las batallas nocturnas contra las fuerzas de seguridad, lanzando piedras, bombas incendiarias y huyendo de los gases lacrimógenos.

Al caminar por los barrios de la clase trabajadora de Sabana Grande rumbo al centro de la ciudad, no se ven signos de una Venezuela en “crisis”, que requiera de una intervención de la Organización de Estados Americanos (OEA). El transporte subterráneo funciona muy bien, quizá mejor que el metro de Washington DC y con un costo mucho menor, aunque no pude bajar en la estación de Alta Mira donde los rebeldes habían establecido su base de operaciones antes de que los desalojaran en esta semana.

Pude echar un primer vistazo a las barricadas en Los Palos Grandes, un barrio de personas con altos ingresos donde los opositores tienen mayor apoyo popular y los vecinos gritan a cualquiera que trate de remover sus barricadas, una intención que puede resultar bastante riesgosa (al menos cuatro personas han resultado muertas a tiros por tratar de hacerlo). Sin embargo, aún en esta zona, la vida resulta casi normal, a no ser por algo del molesto tráfico. Durante el fin de semana, el Parque del Este estaba lleno de familias y corredores sudando en medio de un calor de 90 grados Fahrenheit (32 grados centígrados). Antes del mandato de Chávez se tenía que pagar para acceder a este lugar y, los residentes del lugar estuvieron en desacuerdo cuando a los desafortunados se les permitió entrar gratis. Los restaurantes también están llenos durante la noche.

En general, viajar solo ofrece una pequeña idea de la realidad, y el objetivo de mi visita a Caracas consistía principalmente en reunir información sobre la economía. Sin embargo, terminé muy escéptico sobre lo narrado en los reportes diarios de los medios de comunicación en relación a que la escasez de alimentos básicos y bienes de consumo es la principal motivación de los manifestantes de la oposición. Las personas que padecen más incomodidades por la escasez son, claro está, las clases pobres y trabajadoras. Pero los residentes de Los Palos Grandes y Altamira, donde yo presencié verdaderas protestas, tienen a sus sirvientes parados junto a ellos para lo que se necesite, además de poseer el ingreso y el espacio para acumular una buena despensa.

Este sector privilegiado no ha padecido daño alguno, de hecho, están en muy buenas condiciones. Sus ingresos han crecido a un ritmo saludable desde que el gobierno de Chávez tomo el control de la industria del petróleo hace una década. Además, este grupo de poder consiguió apoyo financiero bastante alto por parte del gobierno: cualquiera que tenga una tarjeta de crédito (lo que excluye a los pobres y los millones de trabajadores) tiene derecho a $3,000 dólares al año a un tipo de cambio subsidiado. Ellos pueden vender sus dólares hasta seis veces más caros de lo que pagaron al adquirirlos. Un subsidio anual multimillonario de dólares otorgado a los privilegiados. Precisamente son estas personas las que están abasteciendo las bases y las tropas de la rebelión.

El distintivo de clase en esta lucha siempre ha sido cruel y sin escapatoria y ahora más que nunca. Al caminar entre la multitud que se congregó en la ceremonia del 5 de marzo, aniversario de la muerte de Chávez, me movía entre un mar de venezolanos de la clase trabajadora, decenas de miles de ellos. No había ropa cara o zapatos de $300 dólares. Lo que contrasta con las masas enfurecidas en Los Palos Grandes, conduciendo jeeps Grand Cherokee con valor de 40,000 dólares y portando letreros con el eslogan del momento: SOS Venezuela.

Cuando se trata de Venezuela, el Secretario de Estado de los Estados Unidos John Kerry sabe de qué lado colocarse en el conflicto de clases. La semana pasada, justamente cuando yo estaba saliendo de la ciudad, Kerry duplicó su apuesta con una descarga retórica contra el gobierno de Venezuela, y acusó a Nicolás Maduro de orquestar “una campaña de terror contra su propia gente”. Kerry también amenazó con invocar la Carta Democrática Interamericana de la OEA contra Venezuela, así como también con implementar sanciones.

Alardear con la Carta Democrática contra Venezuela es ligeramente parecido a amenazar a Vladimir Putin con el voto patrocinado por la ONU sobre la secesión en Crimea. Tal vez Kerry no se percató que justamente unos días antes de sus amenazas, la OEA consideró una resolución de Washington que había interpuesto contra Venezuela y le dio la vuelta, declarando “la solidaridad” de la región con el gobierno de Maduro. La resolución fue aprobada por 29 países a favor, con solo tres votos en contra por parte de los gobiernos de derecha de Panamá y de Canadá, que se pusieron de lado de los Estados Unidos.

El artículo 21 de la Carta Democrática de la OEA se aplica ante la “interrupción inconstitucional del orden democrático de un estado miembro” (como el golpe de estado en Honduras en 2009 que Estados Unidos ayudó a legitimar, o el golpe militar en Venezuela en 2002, que recibió aun mayor ayuda por parte del gobierno de los EUA). Dada la reciente votación, la OEA estaría probablemente más a favor de convocar la Carta Democrática contra el gobierno de los Estados Unidos por sus aviones de guerra no tripulados que mataron a ciudadanos norteamericanos sin antes ir a juicio, que ponerse en contra de Venezuela.

La retórica de “campaña de terror” de Kerry está igualmente divorciada de la realidad, y como es de esperar, provocó una respuesta equivalente por parte del Secretario del Exterior de Venezuela, quien llamó al Secretario de Estado “un asesino”. En relación con los cargos mencionados por Kerry, la verdad resulta ser la siguiente: desde que iniciaron las protestas en Venezuela, parece que más gente ha muerto a manos de los opositores que por las fuerzas armadas. De acuerdo con el número de muertes reportadas por parte de la CEPR durante el último mes, además de los asesinados por tratar de quitar las barricadas de los opositores, alrededor de siete personas han sido aparentemente muertas por las obstrucciones de los detractores, incluyendo a un motociclista decapitado por un cable atravesado en el camino. Además cinco oficiales de la Guardia Nacional han sido abatidos.

En lo que se refiere a la violencia por parte de la fuerzas del gobierno, al menos cinco personas supuestamente fueron muertas por la Guardia Nacional y otras fuerzas de seguridad, incluyendo tres opositores y un activista pro-gobierno. Algunas personas acusan al gobierno por la muerte de tres individuos, quienes fueron abatidos por civiles armados; en un país con un promedio de más de 65 personas muertas al día, resulta completamente posible que esos decesos no estén relacionados con las protestas.

Alrededor de 21 miembros de la fuerza de seguridad están bajo arresto por supuestos abusos, que incluyen algunas de las muertes mencionadas. Esta no parece ser una “campaña de terror” orquestada por el gobierno.

Al mismo tiempo, resulta difícil encontrar alguna denuncia seria de violencia presentada por alguno de los líderes de oposición más importantes. Datos de encuestas indican que en Venezuela las protestas son muy impopulares, no obstante éstas son mejor aceptadas en el exterior cuando son promovidas por personas como Kerry como manifestaciones pacíficas. Los datos también sugieren que una vasta mayoría de venezolanos ven estos disturbios como lo que son: un intento de derrotar por la fuerza a un gobierno de elección popular.

La postura de Kerry sobre la política doméstica de Venezuela es muy simple. Por un lado tienes al grupo de presión de derecha conformado por los cubano-americanos de Florida y sus aliados neo-conservadores, quienes piden a gritos un derrocamiento. Del lado izquierdo de una derecha alejada hay, digamos, nada. A la Casa Blanca le preocupa muy poco América Latina y no existen consecuencias electorales por tener a la mayoría de los gobiernos del hemisferio más enojados con Washington.

Posiblemente Kerry espera que la economía venezolana se colapse y esto provoque que los venezolanos sin dinero salgan a las calles a protestar contra el gobierno. Sin embargo, por el momento la situación económica es estable –la inflación mensual registró una baja en febrero y el mercado negro del dólar ha caído con fuerza ante la noticia que el gobierno esta introduciendo una nuevo tipo de cambio basado en el mercado. Los bonos soberanos de Venezuela rindieron 11.5% del 11 de febrero (un día después de que las protestas comenzaran) al 13 de marzo, el rendimiento más alto observado en el índice del mercado emergente de bonos en dólares de Bloomberg. Por otra parte, la recortes económicos se van a aligerar en las próximas semanas y meses.

Por supuesto, esta situación es exactamente el principal problema para la oposición: las próximas elecciones están a un año medio de camino y para ese momento, resulta muy probable que los recortes económicos y la inflación, que se han incrementado en los 15 meses pasados, sean abatidos. Por tanto, resulta posible que la oposición pierda las elecciones parlamentarias, como ha perdido cada elección pasada desde hace 15 años. Además la estrategia actual de insurrección por parte de los opositores parece no estar ayudando a su propia causa, es más, pareciera que ha dividido a la oposición y unido a los Chavistas. El único lugar donde la oposición parece estar consiguiendo un fuerte apoyo es en Washington.


 

Mark Weisbrot es co-director del Centro para la Investigación Económica y Política (CEPR en sus siglas en ingles, Center for Economic and Policy Research) en Washington, D.C. También es presidente del Just Foreign Policy (www.justforeignpolicy.org).

 

 

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