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Las elecciones en Ecuador muestran porqué la izquierda continúa ganando en tiempos difíciles

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1 de mayo, 2009, Mark Weisbrot   En inglés

The Guardian Unlimited

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En inglés

Hace unos cuantos meses me encontré con un economista que antes era director del Banco Central de Bolivia en el aeropuerto de La Paz. Él había estado leyendo a Roubini, el economista de la Universidad de Nueva York, a quien los medios de comunicación han apodado el “Dr. De mal agüero”, y que estaba prediciendo un futuro económico muy tenebroso para el hemisferio, la región, y especialmente para su propio país.

Yo no estaba de acuerdo con el pronóstico para Bolivia, que tiene más reservas extranjeras en comparación con su economía que China. Pero era sorprendente ver lo mismo en todos los países que visité: economistas de oposición y líderes políticos en todas partes me recordaban sobre los comunistas en los años treintas, deseando el colapso del sistema capitalista – en este caso, con cierta ironía, para que pudieran deshacerse de los gobiernos de izquierda que los votantes habían elegido en Bolivia, Venezuela, Brasil, Argentina, Paraguay, Ecuador y en otras partes.

En todos estos países la mayoría de los medios de comunicación masiva, con niveles variables, comparten la agenda de la oposición y en muchos casos parecen estar dispuestos a presentar una perspectiva demasiado pesimista o incluso catastrófica para poder avanzar su causa.

Pero pese al empeoramiento de la economía global y regional, la izquierda sigue ganando en América Latina. La última victoria de la izquierda fue la del Presidente Rafael Correa de Ecuador, un economista que fue primeramente elegido a finales del año 2006 y fue reelecto el domingo pasado bajo una nueva constitución. Esto le da al carismático líder de 46 años de edad cuatro años más, con la opción de ser reelecto una vez más para otro mandato.

Hay varias razones por las cuales la mayoría de los ecuatorianos seguirá apoyando a su presidente, a pesar de lo que escuchen en las noticias televisivas. Alrededor de 1,3 millones de los hogares pobres de Ecuador (en un país de 14 millones) ahora reciben un bono de $30 por mes, lo cual es un avance importante. Los gastos sociales como fracción de la economía han incrementado por más del 50 por ciento en los dos años de Correa en el poder. El año pasado el gobierno también invirtió considerablemente en obras públicas, doblando el monto de los gastos de capital.

Correa también ha cumplido con otras promesas que eran importantes para sus constituyentes, y no la de menor importancia la de un referéndum para permitirle a una asamblea constituyente que redactara una nueva constitución, la cual los votantes aprobaron por una mayoría de casi 2/3. Se considera como una de las constituciones más progresistas en el mundo, que incluye avances en los derechos de los pueblos indígenas, uniones de hecho para parejas homosexuales y una cláusula novedosa sobre los derechos de la naturaleza. Esta última provisión, aparentemente permitirá interponer demandas sobre la base de daños al ecosistema.

Muchos pensaron que Correa estaba bromeando cuando dijo durante su campaña presidencial que estaría dispuesto a mantener la base militar de EE.UU. en Manta si Washington permitía que las tropas ecuatorianas se estacionaran en Florida. Pero no era broma, y el cierre de la base estadounidense está programado para este año. Correa también resistió la presión por parte del congreso estadounidense y de otros en el caso de una demanda multimillonaria que las cortes ecuatorianas decidirán, en la cual se le acusa a Chevron de desechar miles de millones de galones de desperdicios tóxicos de petróleo que causaron la contaminación de ríos y arroyos. Y en una acción imprevista en noviembre del año pasado, Correa cesó el pago de la deuda externa de $4.000 millones cuando una Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público independiente, cuya conformación había sido demandada desde hace mucho tiempo por organizaciones de la sociedad civil en Ecuador, determinó que ésta deuda fue ilegalmente e ilegítimamente adquirida.

En Estados Unidos, estas políticas han sido denominadas como “populismo” o peor. Un editorial del New York Times en noviembre del año 2007 titulado “Autoritarios en los Andes” resumió la opinión de los círculos de política exterior que Correa, el presidente de Bolivia Evo Morales y el Presidente Hugo Chávez de Venezuela estaban “cada vez más interesados en consolidarse en el poder para fines propios”. Acerca de Correa y Morales, la mesa editorial del Times escribió, “su planteamiento polémico también amenaza con desgarrar la frágil estabilidad política y social de Bolivia y Ecuador”.

El Times (y los círculos de política exterior de Washington) han demostrado que se han equivocado, ya que Ecuador y Bolivia son ahora más estables de lo que han sido desde hace décadas. (Ecuador ha tenido nueve presidentes durante los últimos quince años). También son más democráticos que nunca.

De hecho, la mayor parte de América Latina está pasando por una transición democrática que seguramente se mostrará tan importante como la transición que puso fin a los dictadores que plagaron muchos países durante las primeras cuatro décadas durante la era después de la Segunda Guerra Mundial. Irónicamente, el desempeño de la economía regional fue mucho mejor durante la era de los dictadores, porque los gobiernos de esa era en general tenían políticas económicas más efectivas que los gobiernos formalmente democráticos, pero neoliberales, que los reemplazaron. 

Hace unos cuantos años había miedo, justificado por datos de encuestas, que la gente recordaría con nostalgia los días de los gobiernos autoritarios reales (no imaginarios) debido a la gran mejora en las condiciones de vida durante esa era. En cambio, decidieron votar por gobiernos de izquierda que ampliaron la democracia en áreas desde la política hasta en las políticas económicas y sociales.

Los gobiernos de izquierda han tenido éxito mayormente en donde sus predecesores neoliberales fracasaron. En parte se han beneficiado de una aceleración en el crecimiento económico global durante la mayor parte de los últimos cinco años. Pero estos gobiernos también cambiaron sus políticas económicas en formas que incrementaron el crecimiento económico. La economía de Argentina creció por más del 60 por ciento en seis años y la de Venezuela creció un 95 por ciento. Estas tasas de crecimiento son enormes, aún cuando se consideran las recesiones anteriores de estos países, y permitieron grandes reducciones de pobreza. Los gobiernos de izquierda también han tomado más control sobre sus recursos naturales (Ecuador, Bolivia, Venezuela) y cumplido con sus promesas de compartir los ingresos de estos recursos con los pobres.

Así es como la democracia debe funcionar: el pueblo votó por el cambio y recibió una buena parte de aquello por lo que votó, con expectativas razonables de mayores beneficios por venir. No debería sorprendernos si la mayoría de los votantes de América Latina sigue apoyando a la izquierda en tiempos difíciles. ¿Quién más va a defender sus intereses?


Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C.  Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es coautor, junto con Dean Baker, del libro Social Security: The Phony Crisis (University of Chicago Press, 2000), y ha escrito numerosos informes de investigación sobre política económica.  Es también presidente de la organización Just Foreign Policy.