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Sudamérica: La recesión se puede evitar

16 de noviembre, 2008, Mark Weisbrot
En inglés
16 de noviembre, 2008, Página/12

¿Puede Sudamérica escapar la ira de las tormentas económica y financiera que tienen su epicentro en Estados Unidos?  Desde que el colapso financiero comenzó a mediados de septiembre, los mercados de bonos de la mayor parte de la región (Brasil, Argentina, Colombia, Venezuela) han sido golpeados, así como la mayoría de bolsas de valores y varias monedas.  La precipitada caída en los precios de las materias primas (commodities) en los últimos meses también ha reducido los ingresos por exportaciones y fiscales en varios países (Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela, Perú, Chile), en donde anteriormente, los altos precios para los cultivos agrícolas, minerales e hidrocarburos contribuyeron a que se diera una racha de crecimiento económico durante los últimos años.  El antiguo dicho que dice que “cuando a Estados Unidos la da un resfriado, a  Latinoamérica le da una neumonía”, ha sido ampliamente citado.

Sin embargo, existen buenas razones para creer que Sudamérica, en particular, puede sobrevivir esta tormenta con el menor daño si implemente las políticas macroeconómicas adecuadas.  En primer lugar, los países de la región no tienen vínculos tan fuertes con la economía estadounidense, la cual se encuentra en el medio de una profunda recesión.  Las exportaciones de Brasil y Argentina a Estados Unidos, por ejemplo, representan menos del uno por ciento de las economías de esos países.  En segundo lugar, las instituciones financieras de esos países, por varias razones, no adquirieron los títulos tóxicos con garantía hipotecaria y otros “activos problemáticos” que han causado el colapso de bancos en Estados Unidos e incluso en Europa, ni tampoco tomaron parte en el tipo de sobreendeudamiento y otras prácticas riesgosas que han derrumbado al sistema financiero estadounidense.

Así que no hay razones para anticipar que Sudamérica enfrente el tipo de problemas económicos que en la actualidad acosan a Estados Unidos.  Sin embargo, Sudamérica aún está vinculada a la economía mundial a través del comercio y de la inversión y se verá afectada por desaceleración económica mundial.  Es por eso que tendrá que seguir políticas monetarias expansionistas y específicamente, fiscales – al igual que lo están haciendo los países ricos – para así mantener un crecimiento económico saludable.

China hizo lo mismo durante la crisis económica asiática hace diez años, y mantuvo un sólido crecimiento mientras que sus vecinos – Indonesia, Corea del Sur, Tailandia y otros países – sufrieron serias pérdidas en la producción y el empleo y presenciaron cómo decenas de millones de personas se sumían en la pobreza.  China cambió temporalmente su estrategia económica e invirtió cientos de miles de millones de dólares in obras públicas e infraestructura.  El país está ahora respondiendo de manera similar a la crisis actual, decidiendo esta semana aumentar el gasto en infraestructura, transporte y programas de bienestar social durante los próximos dos años en $587 mil millones.

Los países en desarrollo enfrentan una restricción que Estados Unidos o Europa no tienen cuando optan por estimular sus economías: sus monedas no son “monedas fuertes” aceptadas por el resto del mundo y por eso deben contar con suficientes divisas para evitar una crisis en la balanza de pagos.  Afortunadamente, hoy en día Sudamérica se encuentra bien situada: la mayor parte de la región cuenta con grandes cantidades en reservas.  Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, tiene más reservas, en relación a su economía, que China.  Pero la región aún está sujeta a temores irracionales que pueden desestabilizar sus sistemas financieros.  Por ejemplo, ninguno de estos países va a entrar en la moratoria de su deuda y sin embargo, la mayoría de los precios de sus bonos sufrieron un colapso y los rendimientos se dispararon cuando se inició la crisis financiera.

Por esta razón, Sudamérica podría utilizar un fondo de estabilización al cual podrían acudir los países para garantizar la estabilidad financiera.  Sería muy poco probable que un fondo como éste de hecho sea utilizado – su existencia negaría la necesidad de acudir a él.  Washington y sus socios como el Reino Unido están tratando de reunir fondos de países con grandes cantidades de reservas, como los estados petroleros del Golfo.  Pero quieren que cualquier acuerdo de estabilización pase por el FMI.

Esto es muy riesgoso para Sudamérica, y es innecesario.  El FMI le dio un pésimo manejo a la crisis asiática y el subsiguiente contagio hace una década, lo que causo daños importantes.  El FMI puede hacer lo mismo ahora, al imponer condiciones equivocadas a los préstamos, así como al expresar favoritismos entre los países que tienen necesidad de crédito. (No es necesario regañar o criticar al Fondo; sus gerentes responden ante el Departamento del Tesoro de Estados Unidos).

Sudamérica debe acudir directamente a países que tienen grandes cantidades de reservas internacionales en exceso, como China ($1,9 billones), Rusia ($556 mil millones), Abu Dhabi (con una cantidad estimada en $875 mil millones) y otros para un fondo de estabilización que esté fuera del FMI.  Los detalles son menos importantes que la urgencia por conformarlo prontamente.  Una de las peores cosas que el Tesoro de EE.UU. y el FMI hicieron durante la crisis asiática fue forzar a los países de la región a abandonar sus planes de iniciar un “Fondo Monetario Asiático” y luego retrasar el necesitado apoyo a la balanza de pagos hasta cuando la mayor parte de los daños económicos ya había ocurrido.

Por supuesto, Washington va (y ya lo está haciendo) a utilizar su poder político para lograr que los países con reservas en exceso utilicen al FMI como intermediario.  Pero Sudamérica tiene su propio poder político.  Brasil juega un papel importante a nivel mundial.  Venezuela y Ecuador son miembros de la OPEP, donde se encuentra gran parte de los excesos en reservas, y Venezuela es un país exportador de petróleo importante.  China se está convirtiendo en un socio estratégico en Latinoamérica y está canalizando más inversiones hacia la región.  Rusia también se está involucrando más en la región.

Por otro lado, los gobiernos sudamericanos también deberían abogar ante el Departamento del Tesoro de EE.UU. para que prohíba la vinculación de onerosas condiciones a cualquier tipo de préstamo que salga del FMI.  El único propósito legítimo del FMI en proveer apoyo a la balanza de pagos es para que los países puedan evitar las duras medidas de austeridad y que resultan en la profundización de una recesión, que tendrían que ser implementadas al no disponer de créditos en moneda extranjera.  Los créditos que imponen condiciones contractivas en un período de desaceleración económica son algo imperdonable.  Y ante una posible recesión global, la inflación no es un problema serio en estos momentos.

Sudamérica puede mantener su crecimiento económico durante esta recesión mundial, así como lo hará China.  Al igual que para los países ricos, las políticas macroeconómicas expansionistas serán clave.  Pero un poco de ayuda externa para un fondo de apoyo a la balanza de pagos podría jugar un papel importante en asegurar que esto suceda.


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Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C.  Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es coautor, junto con Dean Baker, del libro Social Security: The Phony Crisis (University of Chicago Press, 2000), y ha escrito numerosos informes de investigación sobre política económica.  Es también presidente de la organización Just Foreign Policy.

 

 

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