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Washington y los donantes internacionales han fallado a Haití

Mark Weisbrot
McClatchy-Tribune Information Services, 13 de agosto, 2010
Sacramento Bee
(CA), 13 de agosto, 2010
Lexington Herald-Leader
(KY), 13 de agosto, 2010
Bellingham Herald
(WA), 13 de agosto, 2010
Daily Me
(ME), 13 de agosto, 2010
Appleton Post-Crescent
(WI), 14 de agosto, 2010
Green Bay Press-Gazette
(WI), 14 de agosto, 2010
Winnipeg Free Press
(Canada), 18 de agosto, 2010
Pueblo Sunday Chieftain & Star-Journal
(CO), 22 de agosto, 2010
Centre Daily Times
(PA), 23 de agosto, 2010
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La “comunidad internacional” se encarga de reconstruir a Haiti, y un asunto ya está claro: no le interesa ningún tipo de democracia en el país, ni siquiera el bajo nivel de democracia al cual se han comprometido en Irak y Afganistán.

La comisión electoral provisional haitiano (CEP)  ha decidido otra vez que el partido político más grande del país, Fanmi Lavalas, no será permitido  participar en las elecciones parlamentarias que se llevarán a cabo este noviembre.

Esta situación se equivale a la exclusión del partido democrático (de hecho, un partido aun más significativo) de las elecciones legislativos estadounidenses en noviembre.

Hasta la fecha no hay ninguna indicación de que la administración de Obama, la cual mantiene – para decirlo suavemente– una influencia enorme sobre el gobierno de Haití, tiene alguna objeción. Apoyaron las ultimas elecciones en abril del 2009, en las cuales también se excluyeron a Fanmi Lavalas, aunque la exclusión llevó a un boicot de un 90 por ciento de los votantes.

Para  seguir el hilo histórico: Fanmi Lavalas es encabezado por Jean-Bertrand Aristide, quien asumió la presidencia como el primer presidente del país, que fue electo democráticamente, en el año 1990. Fue derrocado por el ejército siete meses después, en un violento golpe de Estado, en el cual las huellas de Washington estuvieron muy presentes.El Presidente Clinton restauró a Aristide tres años después, pero Aristide, ofendido por Washington por, entre otros asuntos, la abolición del brutal ejercito – el cual no era tanto una fuerza militar sino un instrumento de violencia política por parte del encargado élite haitiano.

Paul Farmer de Harvard Medical School es el diputado encargado especial de Bill Clinton en la ONU. Su programa “Partners in Health” tiene a casi 5,000 oficiales en Haiti. Testificando recientemente en una reunion legislativa, describió los eventos que ocurrieron después de que Aristide y su partido político fueron elegidos por una segunda vez, en 2000.

“A partir del año 2000, la administración estadounidense buscaba... un bloqueo bilateral y multilateral contra la asistencia financiera hacia Haití, debido a su oposición a las políticas y perspectivas de la administración de Jean-Bertrand Aristide, el presidente elegido con más del 90% del voto... Estrangulando la asistencia para el desarrollo y la provisión de los servicios básicos, también le quitó el aire al gobierno, lo cual fue la intención desde el principio: debilitar a la administración de Aristide.”

Fue la segunda administración de Bush que por fin derrocó a Aristide por segunda vez – en el golpe de Estado de marzo del 2004. Sin embargo, como nota Farmer, el proceso se inició bajo la administración de Clinton en el 2000. Actualmente la administración de Obama  ha mantenido su silencio  en cuanto al exilio forzado de Aristide  de Haití, lo cual constituye una violación de la constitución de Haití.

Imaginémonos si Washington ejerciera sólo un décimo de su capacidad para destruir a Haití antes del terremoto para reconstruirlo después. Sin embargo, seis meses después del catástrofe, menos de un 2 por ciento de los 1.6 millones de personas sin hogar tienen casa. Cientos de miles no tienen nada; y un 80 por ciento de las personas sin hogar que tienen algo de refugio vive bajo carpas donde la tierra debajo de sus pies se convierte en barro cuando llueve. menos de un 2.9 por ciento de toda la asistencia financiera ha llegado al gobierno haitiano, lo cual hace que la reconstrucción sea casi imposible.  Con cientos de miles de niños heridos por el terremoto, los hospitales públicos están cerrando sus puertas.

Las tierras que se necesitan para proveer refugio son las propiedades de los haitianos ricos, quienes mantienen otros planes. El gobierno haitiano tiene la autoridad de recuperar esta tierra, con medidas de compensación adecuadas. La comunidad internacional es capaz de hacer posible esta necesidad humana.  

Ya es hora de que los miembros del congreso estadounidense asuman su papel de cambiar nuestra política exterior hacia Haití, igual como hicieron después del golpe de Estado militar de 1991. El congreso puede asegurar que la asistencia financiera fluya hacia donde más se necesite, que la tierra y el refugio estén disponibles y que los haitianos sean permitidos elegir a su propio gobierno. Después de todo lo que ha hecho Washington para castigar a Haití, sería lo mínimo que se puede hacer.


Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C. Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es coautor, junto con Dean Baker, del libro Social Security: The Phony Crisis (University of Chicago Press, 2000), y ha escrito numerosos informes de investigación sobre política. económica. Es también presidente de la organización Just Foreign Policy. También es co-escritor del documental más reciente de Oliver Stone, “South of the Border” que ahora se estrena en cines.

 

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