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Los ajustes en el comercio y los paquetes de estímulo en la recesión y la recuperación global

Mark Weisbrot
23 de julio, 2009, The Guardian Unlimited
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Vea el artículo en la página Web original

Los flujos comerciales globales y las políticas de estímulo económico de economías nacionales individuales desempeñarán un papel importante en la recuperación de la actual recesión mundial. Esto es especialmente cierto para dos de las economías más grandes del mundo, Estados Unidos y China.

La economía de EE.UU. se estaba llevando un déficit comercial anualizado de $697 mil millones, o 5 por ciento del PIB, cuando nuestra recesión comenzó en el último trimestre de 2007. En el primer trimestre de este año, había caído en más de la mitad a $327 mil millones, o 2,3 por ciento del PIB.

En parte esto se debe a la aritmética de entrar en una recesión mundial con un gran déficit comercial. Si las importaciones y las exportaciones disminuyen en un mismo porcentaje, entonces el déficit comercial se reducirá, porque las importaciones son más grandes en tamaño absoluto. Sucede que nuestras importaciones han disminuido aún más rápido que nuestras exportaciones en términos de porcentaje también, en parte debido a la caída de los precios del petróleo – lo cual también es producto de la recesión mundial.

Esto significa que la economía de Estados Unidos está recibiendo un impulso de parte de la economía mundial durante la Gran Recesión. Es posible que no se sienta así, pues ahora perdemos muchos empleos y tenemos alrededor de una sexta parte de la fuerza de trabajo oficialmente desempleada o subempleada. Sin embargo, la contabilidad del ingreso nacional es real. Si no fuera por la disminución de nuestro superávit comercial, por ejemplo, en el primer trimestre de este año se habría producido una disminución del 7,9 por ciento del PIB, en lugar del 5,5 - una gran diferencia en términos de producción y empleo.

Los países que exportan mucho (en relación con su economía) y que entraron en la recesión con un superávit se ven afectados por la aritmética contraria: son golpeados más fuertemente en la recesión cuando se reduce su superávit comercial. Se prevé una caída del 6 por ciento este año en el PIB de Japón, mucho peor que la proyectada para Estados Unidos del 2,6 por ciento. Aunque no es consuelo para los japoneses, la disminución de su superávit comercial contribuye al crecimiento del resto del mundo.

Los países que exportan mucho a Estados Unidos también han sido muy afectados. México, que exporta más del 21 por ciento de su PIB a EE.UU., se espera disminuya en un 7,3 por ciento este año. Brasil, en comparación, exporta menos del dos por ciento de su PIB a Estados Unidos (y no tiene un gran porcentaje de comercio en el PIB, en general), se espera disminuya en un 1,3 por ciento.

Esta parece ser una lección para los países en desarrollo: es bueno diversificar su comercio. Y tal vez no pasar a depender totalmente de los mercados donde hay enormes burbujas de activos (es decir, nuestra burbuja inmobiliaria de $8 billones) y grandes déficit comerciales. El tratado de "libre comercio" de México con Estados Unidos también tuvo la desgracia de no producir ni siquiera un crecimiento económico decente antes de la caída - a menos que se enfoque en la industria de drogas ilegales.

Pero el caso más interesante es China, que durante las tres últimas décadas ha tenido la economía de más rápido crecimiento en la historia del mundo. La economía china creció en un 9 por ciento el año pasado, y ahora parece probable que crezca en un 8 por ciento este año. Hans Timmer, Director de Previsión Económica en el Banco Mundial, dijo al Wall Street Journal que "China será uno de los primeros países que impulsarán a la economía mundial fuera de esta recesión". Él parece estar en lo cierto.

Sorprendentemente, esto sucede a pesar de que China, que ha tenido mucho crecimiento impulsado por las exportaciones durante muchos años, se enfrenta a una rápida reducción de superávit comercial. Esto muestra cómo un poderoso y eficaz estímulo de la economía puede contrarrestar el descenso agudo en la demanda privada.

Como economista John Ross ha puesto de relieve, el estímulo de China no es sólo una cuestión de gasto deficitario. El gobierno de China tiene otras herramientas disponibles, y las está utilizando ampliamente. El Estado controla la mayoría del sistema bancario, y ha utilizado este control para duplicar de la cuantía de los préstamos bancarios en el primer semestre de este año, en comparación con 2008. Ha aumentado considerablemente la inversión de las empresas de propiedad estatal, que son una gran parte de la inversión en la economía china. La oferta de dinero ha aumentado 28,5 por ciento durante el pasado año. (No hay necesidad de preocuparse por la inflación, que ha sido negativa durante el último año.)

Esto tiene implicaciones para el resto del mundo que va más allá del efecto positivo que China, la segunda economía más grande, tendrá sobre la recuperación económica mundial. Es evidente que un mayor número de países necesita contrarrestar el descenso en el gasto privado con programas de estímulo eficaces en gran escala. Esto es cierto para los países en desarrollo, así como para los países ricos. Por supuesto, muchos países en desarrollo no tienen la capacidad institucional para la aplicación de un estímulo tan eficazmente como lo ha hecho China. En muchos casos esto se debe a que las reformas neoliberales en el último cuarto de siglo han debilitado la capacidad del Estado para responder adecuadamente a la recesión mundial. China no ha adoptado reformas que provocarían que el gobierno pierda el control sobre los principales instrumentos de política. Sin embargo, la mayoría de gobiernos de los países en desarrollo todavía pueden utilizar una política fiscal y monetaria expansiva tanto como sea posible para contrarrestar la recesión. Por desgracia, el Fondo Monetario Internacional, que apoya este tipo de políticas contra-cíclicas en los países ricos, ha promovido lo contrario - políticas fiscales y monetarias más estrictas - en muchos países de bajos y medianos ingresos.

Los países ricos también parecen estar más limitados que el de China. Estados Unidos ha aprobado un paquete de estímulo para 2009 y 2010 que -, teniendo en cuenta el recorte del gasto y aumento de los impuestos por los gobiernos estatales y locales - es sólo un 0,9 por ciento del PIB. Esta es una pequeña fracción, tal vez ni siquiera un décimo, de las previsiones de disminución en el gasto privado a partir de la ruptura de nuestra burbuja inmobiliaria de $ 8 billones.

Críticos señalan que el gobierno chino puede mover los proyectos de inversión pública mucho más rápidamente porque no tiene que responder tanto a las preocupaciones ciudadanas sobre el medio ambiente u otras. Pero hay otras políticas de estímulo que se pueden aplicar muy rápidamente en EE.UU. La triste verdad es que a pesar de nuestro más desarrollado sistema de gobierno, el imperio de la ley, y una economía mucho más desarrollada, el gobierno de EE.UU. no ha respondido bien a las necesidades más urgentes de nuestra economía nacional en el momento de su desafío más grande desde la Gran Depresión. De hecho, es menos efectivo que el gobierno de un país de medianos ingresos regido por un Partido Comunista. Esto debería dar a los expertos y los científicos sociales de EE.UU. algo para reflexionar.


Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C.  Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es coautor, junto con Dean Baker, del libro Social Security: The Phony Crisis (University of Chicago Press, 2000), y ha escrito numerosos informes de investigación sobre política económica.  Es también presidente de la organización Just Foreign Policy.

 

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