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De cómo Argentina revivió su economía

30 de octubre, 2007, Mark Weisbrot   En inglés

De cómo Argentina revivió su economía

Por Mark Weisbrot

Los Angeles Times, 30 de octubre, 2007

En inglés
Lea el artículo original aquí  

Este domingo en Argentina, Cristina Fernández de Kirchner se convirtió en la primera mujer elegida para ocupar el cargo de la presidencia de su país.  Su victoria no es difícil de explicar.  Su partido político, bajo el mando del presidente Néstor Kirchner (su esposo), lideró un espectacular revés económico que hizo que Argentina se convirtiera en la economía con el crecimiento más rápido del hemisferio occidental durante los últimos cinco años y medio.

Más de 11 millones de personas (el 28 por ciento de la población) han logrado superar el umbral de la pobreza a medida que la economía ha crecido en más de un 50 por ciento.  Con una tasa anual de 8,2 por ciento, el ritmo de crecimiento económico de Argentina ha sido más del doble que el promedio para América Latina.  El desempleo ha caído desde un 21,5 por ciento hasta el 8,5 por ciento y los salarios reales (ajustados por la inflación) han aumentado en más del 40 por ciento.

Es así como la victoria de Fernández era predecible y relativamente fácil.  Pero la recuperación económica que impulsó dicha victoria no fue tan simple, y los individuos que la encabezaron merecen más reconocimiento del que generalmente reciben.  Los Kirchner y sus aliados tuvieron que enfrentar no sólo al saber convencional entre los economistas, sino también a poderosas instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI).  Es posible que el éxito de Argentina tenga algunas implicaciones importantes para otros países en desarrollo.

Cuando Argentina anunció la cesación de pagos sobre un récord de US$ 100 mil millones de su deuda pública a finales de 2001, casi todos los expertos predecían que ése sería el comienzo de un largo castigo.  Ellos decían que los mercados financieros internacionales y los inversionistas extranjeros le rehuirían al país y que esto causaría grandes daños.  Lo que más le convenía al país era llegar a un acuerdo con el FMI y seguir sus consejos.  Lo que es más, el país tendría que “portarse bien” con los tenedores de deuda impagada.

Los expertos no pudieron estar más equivocados que nunca.  Después de sufrir una contracción solamente durante los primeros tres meses posteriores a la cesación de pagos, la economía comenzó a crecer y no ha parado desde entonces.

Al contrario de lo que generalmente se cree, la expansión económica argentina no se basó en la exportación o en los altos precios de los productos básicos: Las exportaciones explican sólo alrededor de un 13 por ciento del crecimiento económico a lo largo del periodo de expansión.

¿Cuáles fueron las claves del éxito argentino?  Lo más importante fue que el gobierno implementó una serie de políticas macroeconómicas básicas bien acertadas.  Después de años de observar cómo una moneda sobrevaluada acababa con la economía al hacer que la importaciones fueran artificialmente más baratas, el banco central argentino fijó la meta de mantener un tipo de cambio real estable y competitivo.

En otras palabras, las autoridades se aseguraron de que el valor de la moneda no se incrementara mucho y que no tuviera una variación descontrolada como resultado de los movimientos en los mercados financieros.  (Cabe mencionar que acá en Estados Unidos hemos visto desaparecer más de 3 millones de puestos de trabajo en la industria manufacturera desde 2001 y la mayoría de esos puestos se perdió a causa de un dólar sobrevaluado).  También mantuvieron tasas de interés bajas y pusieron al crecimiento económico como prioridad, en vez de buscar el nivel de inflación más bajo posible.

Estas política económicas son generalmente inadmisibles entre economistas y funcionarios de banca central y así, Argentina tuvo varias confrontaciones con el FMI, incluyendo la breve cesación temporal de pagos en septiembre de 2003 a esa institución.  Pero el fondo se echó atrás y en 2005, la mayoría de los acreedores internacionales que se vieron afectados por la cesación de pagos, acabó aceptando un repago de 35 centavos por cada dólar que tenían de deuda argentina en moratoria.

Claramente, Argentina no ha recibido mucha inversión directa extranjera durante los últimos cinco años y no puede colocar bonos en mercados internacionales directamente.  Pero estas desventajas – que según la prensa de negocios llevarían al país a la ruina – han resultado no tener tanta importancia y tampoco son permanentes.  Con el tiempo, los inversionistas extranjeros y prestamistas buscarán la manera de regresar a una economía de rápido crecimiento.

¿Cuáles son las lecciones? Al igual que la política, en general, tiene un contexto local, lo mismo sucede con las políticas económicas más importantes para la mayoría de países.  Implementar políticas macroeconómicas básicas acertadas en su propia economía es mucho más importante que complacer a los mercados financieros internacionales.  Ésta es una lección, especialmente, para instituciones financieras internacionales fracasadas como el FMI.  El fondo no sólo supervisó todo el proceso que resultó en el colapso de la economía Argentina entre 1998 y 2002, sino que también se opuso a las políticas de mayor peso en la asombrosa recuperación económica argentina.

El hecho de que la ruptura de relaciones de Argentina con el FMI y sus políticas haya sido un factor clave para el éxito económico del país, también tiene implicaciones para otros países.  Durante el último cuarto de siglo, el fondo y sus instituciones aliadas – dirigidas desde Washington – han presidido el episodio de peor rendimiento en crecimiento económico a largo plazo que América Latina ha tenido en más de un siglo.  Como resultado, la mayoría de gobiernos en la región se ha distanciado del FMI y con esto, su portafolio de préstamos en dicha región se ha encogido desde US$ 49 mil millones hace solamente cuatro años, hasta menos de US$ 1 mil millones hoy en día.  Sin embargo, el FMI todavía mantiene su influencia en muchos países pobres.

El nuevo gobierno argentino enfrentará muchos retos, resultado de una economía en rápido ascenso: Controlar la inflación y asegurar una oferta energética adecuada.  Sin embargo, estos problemas tienen solución.  Claramente, existen aquellos analistas que argumentan lo contrario, pero sus pronósticos durante los últimos cinco años no han sido muy acertados.


Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación Económica y de Políticas (Center for Economic and Policy Research—CEPR) en Washington, D.C.    

 

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