El FMI no advierte cambios transcendentales en la economía global

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19 de octubre, 2007, Mark Weisbrot   En inglés International Herald Tribune, 19 de octubre, 2007

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Ministros de finanzas, banqueros y empresarios se reunirán en Washington DC esta semana para la reunión anual de otoño del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Como es de costumbre, el FMI ha publicado su análisis de la economía mundial y en particular, una investigación que seguramente causará controversia y le dará algo de “combustible” a sus críticos. En dicha investigación, el FMI concluye que la inversión extranjera y la tecnología (pero no el comercio) están relacionadas a un incremento en la desigualdad en países en desarrollo.

Pero en el fondo hay un problema más básico que está ausente. Lo que al Fondo se le ha escapado, y lo que finge no haber notado durante el último cuarto de siglo, es un cambio mucho más profundo en la economía mundial que ha acompañado al conjunto de reformas económicas, incluyendo la “globalización”, que el FMI ha promovido vigorosamente. Durante los últimos veintiséis años, se ha dado una marcada desaceleración en el crecimiento del ingreso por persona de la amplia mayoría de países de bajo y mediano ingreso.

Como es de esperarse cuando ocurre una caída en las tasas de crecimiento, estos países también han experimentado un avance sustancialmente disminuido en términos de indicadores sociales como el nivel de esperanza de vida y la mortalidad infantil.

El Fondo está aprovechando la falta general de conocimiento sobre economía y sobre tendencias económicas entre su público. Aún cuando la distribución de incrementos en el ingreso es un factor importante que contribuye al bienestar económico y social, si el ingreso no crece, no hay nada que distribuir. En un país de alto ingreso como Estados Unidos, uno podría debatir sobre cuánta reducción de pobreza y desempleo se podría lograr y de qué tanto mejorarían las condiciones de vida a través de la redistribución y cambios de política como el de establecer una cobertura universal en salud – aunque políticamente hablando, en general, resulta más difícil lograr cualquier avance en estas áreas si la economía está estancada. Pero para los países más pobres, incrementar la productividad es cuestión de supervivencia y generalmente, para países en desarrollo, es una necesidad si es que van a lograr brindar educación y salud a sus ciudadanos.

Especialmente en estos tiempos, cuando el contrarrestar de los daños causados al medio ambiente a nivel mundial ocupa su merecido lugar como prioridad urgente, el crecimiento económico es visto comúnmente como problema y no como solución. Pero incrementar la productividad – y eso es básicamente de lo que estamos hablando cuando los economistas se refieren al crecimiento en el ingreso o PIB por persona – no es de por sí destructivo para el medio ambiente. El Internet, por ejemplo, ha incrementado la productividad al mismo tiempo que ha ampliado el potencial para general resultados favorables al medio ambiente a través del trabajo a la distancia (“telecommuting”) y del menor uso de papel. A un nivel más básico, cambios técnicos, organizativos y distributivos – incluyendo reforma agraria y el suministro de crédito y semillas – que permiten que campesinos pobres produzcan más alimentos por hectárea y por hora de trabajo, tampoco son necesariamente destructivos para el medio ambiente. Además, lo que han prometido el FMI y sus instituciones afiliadas es que sus políticas económicas traerán crecimiento económico – no redistribución. Todos los dolores y la “destrucción creativa” que se asocian con las privatizaciones, la apertura indiscriminada a flujos comerciales y de capital, políticas monetarias y fiscales más restrictivas y otras reformas generalmente nada populares, incrementarían supuestamente el crecimiento económico.

Pero el típico país en el quintil medio de la distribución mundial del ingreso (con un ingreso por persona entre US$ 2,364 a US$ 4,031 dólares de 2000) en 1960, podía esperar que su ingreso se incrementara en un 67 por ciento en dos décadas. En cambio, un país con similar situación de ingreso en 1980 podía esperar un incremento de solamente 22 por ciento a lo largo del mismo periodo*. Este colapso en el crecimiento económico ha tenido un impacto sobre la desigualdad en la mayoría de personas en los países afectados que es mucho mayor a cualquier impacto medible atribuible a la globalización.

Existe un puñado de países que de hecho sí crecieron a un ritmo más rápido en la era pos-1980 de la “globalización”. Pero estos países – como China, India y Vietnam – no siguieron la fórmula de políticas recetada por el FMI.

Afortunadamente, la mayoría de países ha votado con sus acciones y han liquidado sus deudas con el FMI, evitando así tener que seguir sus consejos. El portafolio de préstamos del Fondo se ha contraído desde una cantidad de US$ 105 mil millones en 2003 hasta solamente unos US$ 17 mil millones hoy en día, con la mayoría de los préstamos en manos de Turquía y Pakistán. Esto ha liberado a la mayoría de países de mediano ingreso, pero los países más pobres permanecen todavía bajo el tutelaje del Fondo y sus instituciones aliadas, las cuales están dominadas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos (US Treasury Department). Estos países, a su vez, tendrán que lograr una mayor independencia para poder lograr su potencial en términos de desarrollo.

*La desaceleración que aquí se describe no es atribuible a “rendimientos decrecientes”, es decir, a la dificultad de lograr el mismo ritmo de crecimiento a medida que el país se enriquece. La disminución del progreso en términos de indicadores sociales (esperanza de vida, mortalidad infantil, etc.) tampoco es atribuible a rendimientos decrecientes (que en este caso se refiere a la mayor dificultad que existe en incrementar el nivel de esperanza de vida desde, por ejemplo, 60 a 65 años que desde 45 a 50 años).


Para más datos e información sobre la metodología utilizada para estos cálculos, consultar “El marcador del desarrollo”


Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación Económica y de Políticas en Washington, D.C. (www.cepr.net).