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18 de enero, 2004, en Página 12 (Argentina), Alan Cibils
El lugar del Fondo
Por Alan Cibils
Página 12 (Argentina) — 18 de enero, 2004
Véalo en el sitio original
Uno de los argumentos esgrimidos en círculos oficiales para justificar
el último y oneroso acuerdo con el FMI fue que, con el acuerdo, se
separaba al Fondo de la negociación con los acreedores privados
defolteados. Esta razón se esfumó cuando se hizo evidente que, por
enésima vez, el Fondo había errado sus proyecciones de crecimiento de
la economía argentina. Como todo parece indicar que el crecimiento
sería mayor al proyectado por el FMI, también serían mayores a lo
proyectado los recursos fiscales. Dado que el Fondo se cree dueño del
superávit fiscal argentino, ha decidido que dicho excedente se asigne
al pago de la deuda, convirtiéndose de este modo en lobbista de los
acreedores privados defolteados. De estos hechos se desprenden las
siguientes observaciones:
1) Ahora que el Fondo y los acreedores privados defolteados negocian
juntos, ¿cómo justificar un acuerdo con dicha institución? Es necesario
resaltar que la Argentina no recibe préstamo alguno del FMI, sólo
recibe una postergación de vencimientos de capital. A cambio de este
magro beneficio, la Argentina se compromete a una serie de políticas de
ajuste con un altísimo costo social, económico y político. Convendría
blanquear la situación de una vez: la Argentina tiene un serio problema
a causa de su abultada deuda, incluyendo la deuda con el FMI. El lugar
del Fondo, por lo tanto, es en la cola con el resto de los acreedores y
no el de “superministro” que impone al país las mismas recetas que
causaron la crisis.
2) La recuperación económica argentina no se debe a los acuerdos con el
FMI, más bien se produce a pesar de ellos. Recordemos que, para el
2004, Kirchner y Lavagna comprometieron algo más del 16 por ciento del
gasto público al pago de la deuda. Uno no puede más que preguntarse qué
ocurriría si esos recursos fiscales, generados por los contribuyentes,
se asignasen a la educación, a la salud, a la promoción de la inversión
y el crédito, a la generación de empleo y a la redistribución del
ingreso. La reactivación económica seguramente sería mucho más
impresionante, con posibilidades reales de bajar las tasas de
indigencia, pobreza y desempleo sin necesidad de recurrir a
manipulaciones deshonestas de las estadísticas oficiales.
3) La nueva arremetida del FMI resalta, una vez más, una falla
estructural de nuestra democracia: los argentinos podrán elegir
mandatarios y representantes, pero los límites de la política económica
los establece el Fondo, que ningún argentino elige ni controla. No nos
engañemos: plantarse en un superávit del 3 por ciento del PIB no
representa un accionar independiente. Autonomía sería decidir qué uso
se le va a dar al excedente generado. El accionar del Fondo representa
una verdadera subversión de nuestro sistema democrático, hecho que
seguramente no sería tolerado en un país en serio.
Pareciera que la historia vuelve a presentarnos con la oportunidad de
poner las cosas en su lugar. Y el lugar del FMI no es el que
actualmente se le ha asignado.
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