Ojos bien cerrados: Los medios internacionales miran a Venezuela

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13 de agosto, 2007, Mark Weisbrot   En inglés

Ojos bien cerrados: Los medios internacionales miran a Venezuela

Por Mark Weisbrot

Éste artículo fue publicado en los siguientes periódicos:
International Business Times
, 13 de agosto, 2007
Seminario La Voz (Argentina), 14
de agosto, 2007
Truthout, 15 de agosto, 2007

En inglés

Vea el artículo original aquí  

La mayoría de los consumidores de la prensa internacional se sorprenderán al enterarse de que la controversia sobre la estación de televisión más vieja de Venezuela, RCTV, continúa a plena marcha. Nos informaron repetidamente que el Presidente Chávez “cerró” la estación el 27 de mayo. Pero, de hecho, la estación no fue “cerrada”—ya que no hay censura en Venezuela. El gobierno de Venezuela, más bien, decidió no renovar la concesión que le otorgaba a RCTV un monopolio sobre una parte de las frecuencias públicas.

Ésta es una gran diferencia, aunque los medios estadounidenses e internacionales la han mezclado considerablemente. José Miguel Insulza, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, comentó el mes pasado que el gobierno de Venezuela “tiene atribuciones para hacer lo que hizo [no renovar la concesión]” y citó al Presidente de Brazil, Lula Da Silva diciendo que la no-renovación de la concesión fue un acto tan democrático como el de haberla otorgado. Insulza también agregó que “la democracia está muy vigente en Venezuela”.

Estos comentarios no fueron reportados en Estados Unidos ni en otros grandes medios. La declaración original de Lula del mismo argumento tampoco fue mencionada. Ni la declaración de Marco Aurelio García, el asesor de política externa de Lula, quien dijo que “hay pocos países en el mundo con tanta libertad de expresión como en Venezuela”.

RCTV no ha despedido a ninguno de sus 3 mil empleados, y su señal puede alcanzar hasta la mitad de la población venezolana a través de sus operaciones por cable y satélite. Pero la estación está luchando con el gobierno de nuevo, argumentando que no debe estar sujeta a reglamentos gubernamentales—incluyendo una ley precedente a Chávez, que obliga a estaciones nacionales a difundir los discursos presidenciales—porque es una estación internacional. En cambio, el gobierno venezolano argumenta que RCTV es un productor nacional de contenido audiovisual puesto que casi toda su producción y audiencia se originan en Venezuela.

Este mes el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela bloqueó la orden del gobierno en contra de RCTV, en base a que faltaba una definición clara de “productor audiovisual nacional.”

El dueño de RCTV, Marcel Granier, es un líder de la oposición que pretende deslegitimar al gobierno de Venezuela. Ha tenido algún éxito en su esfuerzo, en particular en abril de 2002 cuando su estación falsificó grabaciones de video para dar la impresión de que pistoleros chavistas le disparaban a manifestantes en las calles de Caracas. Ésta y otras manipulaciones de los medios venezolanos ayudaron a provocar un golpe militar contra el gobierno electo. Ésta es una de varias razones por las cuales el gobierno de Venezuela decidió no renovar la concesión de RCTV.

La campaña internacional más reciente de Granier también fue muy exitosa. La prensa internacional ignoró los varios atentados de RCTV para derrocar al gobierno, reportando la disputa como un problema de “libre expresión,” y pareció no estar consciente de que a una estación de televisión como ésta no se le renovaría la concesión en Estados Unidos ni en ningún otro país democrático.

Granier está apostando a que los medios internacionales y otras instituciones dominadas por Estados Unidos también presenten su batalla actual como un problema de “libre expresión,” en vez de una disputa legal en torno a si su estación es un canal nacional y por lo tanto cae bajo las mismas regulaciones como los otros canales de cable venezolanos. Es una buena apuesta.

Pero al mismo tiempo existe la realidad venezolana, la cual le importa de verdad a Chávez y a su gobierno. Mientras la mayoría de estadounidenses y europeos pueden ser convencidos por medios parciales en sus respectivos países, los venezolanos escuchan ambos lados del cuento. Los venezolanos pueden encender sus televisores y ver críticas extremadamente duras contra su gobierno todos los días. Pueden encender sus radios para encontrar que la mayoría de las ondas están dominadas por “noticias” en contra del gobierno. Hasta pueden caminar a un quiosco y encontrar que la mayoría de los grandes periódicos también están dominados por reportaje en contra del gobierno.

Así que los venezolanos saben que no existe un problema de “libre expresión” en su país. Mientras que hay problemas del Estado de derecho, incluyendo crimen en las calles—como en la mayoría de la región—los venezolanos no han perdido sus derechos civiles como, por ejemplo, nosotros aquí en Estados Unidos después de 2001. Esa es una de las razones por las cuales Hugo Chávez fue reelecto en diciembre con el margen de ventaja más amplio en todas las 12 elecciones presidenciales más recientes en América Latina, a pesar de enfrentar a unos medios de comunicación dominados por la oposición. La democracia, en verdad, si que “está muy vigente en Venezuela”. 


Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación en Economía y Política en Washington, D.C. (www.cepr.net).