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Cómo las Guerras se Terminan: una Rebelión en el Congreso de EE.UU. Pudiera Marcar el Comienzo del Final de la Guerra Afgana

Mark Weisbrot
The Guardian Unlimited, 23 de abril, 2010
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Imagínese que los Estados Unidos fuera a gastar un monto que excede el 60 por ciento de sus ingresos nacionales en el ejército y la policía. (En comparación, el presupuesto del Departamento de Defensa – tan grande como es – está cerca del 5 por ciento 125 del PIB; y el gasto de la policía es menos del 1 por ciento del PIB). Por supuesto que los Estados Unidos jamás alcanzaría estos niveles de gasto, pero vale la pena pensar sobre esto porque cualquier población ante tal situación estuviera buscando alguna salida al horrible conflicto civil que les habría llevado a esta situación extrema. Esto sin duda ocurriría aun si extranjeros estuvieran manejando el dinero.

Y esto también es verdad para la gente de Afganistán, donde el gasto para el ejército y la policía está programado en $11,600 millones (61 por ciento del PIB proyectado) en 2011. Es difícil imaginar una situación que cuadre mejor con la definición de “insostenible.”

No es sorprendente que la gente afgana esté buscando un camino de salida. Ellos quieren que se realizan negociaciones para terminar el conflicto. Pero los Estados Unidos se opone a esta posibilidad. Los EE.UU. y sus aliados de la OTAN están preparándose para una importante ofensiva militar, tal vez la más grande hasta ahora, en la provincia del sur llamada Kandahar.

Un sondeo de opinión patrocinado por el ejército de EE.UU. demuestra que el 94 por ciento de los residentes de Kandahar apoya las negociaciones con los Talibanes, en lugar de confrontaciones militares.

El diario New York Times reporta esta semana que:

“en algunas partes del país, las caravanas de EE.UU. y de la OTAN ya son consideradas por los afganas como una amenaza tan peligrosa como los puestos de control y bombas de carretera de los Talibanes, creando interrogantes acerca de si el daño a la percepción de las fuerzas armadas de EE.UU. como producto del la continua muerte de civiles de Afganistán por parte de EE.UU. puede ser revertido de manera significante.”

“ 'Las personas odian las fuerzas internacionales,' dijo Bakhtialy, un anciano de una tribu en Kandahar... 'Su presencia por el momento es demasiado riesgosa para la gente común. Ellos están matando y no permiten a la gente viajar por las calles.' ”

Una serie notable de atrocidades cometidas por las fuerzas armadas de los Estados Unidos y la OTAN que han salido a la luz recientemente han vuelto las cosas más difíciles. Hace tres semanas la OTAN admitió que las fuerzas de Operaciones Especiales estadounidenses habían asesinado a cinco civiles, incluyendo tres mujeres, dos de ellas embarazadas. La OTAN había realizado un encubrimiento, argumentando que las fuerzas de Operaciones Especiales habían "encontrado los cuerpos de tres mujeres, quienes habían sido ahorcadas, amordazadas y asesinadas."

Mientras tanto en los Estados Unidos, una rebelión está creciendo en el Congreso en contra de la guerra. El Senador Demócrata de Wisconsin Russ Feingold, el Diputado Jim McGovern de Massachusetts y el Diputado Republicano Walter Jones de Carolina del Norte han presentado un proyecto de ley que requiere al Presidente Obama establecer una agenda específica para retirar las tropas estadounidenses de Afganistán. Este proyecto ha rápidamente ganado el apoyo de 29 congresistas, y pudiera alcanzar los 100 dentro de las próximas semanas.

¿Cómo ésto nos retira de Afganistán? Mi colega Robert Naiman de Just Foreign Policy explica:

“Es probable que una señal como ésta tenga un impacto políticos dramático en Afganistán, al igual que hechos semejantes tuvieron efectos políticos dramáticos en Irak. En 2007, el Congreso jamás tuvo un éxito legislativo en imponer un plazo determinado para la retirada militar en las leyes estadounidenses. Pero el hecho que la mayoría en la Cámaras de Diputados y del Senado estuvo a favor de un plazo tuvo efectos dramáticos en Iraq. Esto puso presión sobre la Administración de Bush obligándola a revisar sus objetivos y a empezar negociaciones serias con las personas que había intentado asesinar previamente.”

El resultado fue un acuerdo firmado entre los Estados Unidos e Iraq sobre una agenda para la retirada de la tropas estadounidenses.

Así será como la guerra afgana terminará. La presión seguirá hasta que el Presidente Obama y su ejército no tengan otra opción que comenzar la salida de EE.UU. de Afganistán.

La mayoría de los estadounidenses están en contra de la guerra, y cada semana miles de ciudadanos de EEUU continúan poniendo presión en sus representantes en el Congreso, quienes también prestan mayor atención a las encuestas de opinión en un año de elecciones. La guerra se ha vuelto interminable mucho después que el público estuviese en contra de ella, y mucho después que Washington abandonara cualquier pretensión de una historia coherente para justificarla – resultado de nuestra limitada y corrupta forma de democracia. Pero esta rebelión congresista es el comienzo del final de esta guerra.


Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C. Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es coautor, junto con Dean Baker, del libro Social Security: The Phony Crisis (University of Chicago Press, 2000), y ha escrito numerosos informes de investigación sobre política económica. Es también presidente de la organización Just Foreign Policy.

 

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