FMI y Banco Mundial enfrentan deterioro en su autoridad, Venezuela anuncia su retiro como miembro

01 Mayo 2007

1 de Mayo, 2007, Mark Weisbrot    En inglés
McClatchy Tribune Information Services, 1 de Mayo, 2007

La decisión de Venezuela de salise del FMI y del Banco Mundial esta semana será considerada en Estados Unidos como un ejemplo más de los continuos desacuerdos entre el presidente venezolano Hugo Chávez y la administración de Bush. Pero es probable que se perciba de manera diferente en el resto del mundo y podría tener un impacto en ambas instituciones, las cuales, en años recientes, han visto una constante disminución de su poder y legitimidad en los países en vías de desarrollo.

Otros países podrían seguir el mismo camino. La semana pasada, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, anunció que estaría expulsando al representante del Banco Mundial fuera del país. Ésta fue una acción sin precedentes, que el presidente Correa puntualizó indicando que “no vamos a  aceptar chantajes de ninguna burocracia internacional.” En 2005, el Banco Mundial retuvo un préstamo a Ecuador, previamente aprobado, de $100 millones para tratar de presionar al gobierno a que utilizara el excedente de los ingresos petroleros para el pago de la deuda, en vez de dirigirlos, como decidió el gobierno, hacia el gasto social.

Así es como han estado funcionando ambas instituciones durante décadas. Con el FMI a la cabeza, y con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos manteniendo un poder de veto, estas instituciones han operado un “cártel de acreedores” que ha podido ejercer una presión enorme sobre gobiernos en cuanto a una amplia variedad de asuntos económicos. Esta presión ha generado no sólo un gran resentimiento, sino que también ha conducido a menudo al fracaso económico en los países y las regiones en donde el FMI y el Banco Mundial han tenido una mayor influencia. Durante los últimos 25 años Latinoamérica ha tenido el peor desempeño en cuanto a crecimiento económico a largo plazo en más de un siglo.

Venezuela también tiene agravios específicos contra el FMI, lo que probablemente generará solidaridad en otros países en vías de desarrollo con gobiernos democráticamente electos y de centro-izquierda. El 12 de abril de 2002, tan sólo horas después de que el gobierno democráticamente electo de Venezuela fuera derrocado en un golpe militar, el FMI declaró públicamente que estaba “listo para asistir a la nueva administración [ de Pedro Carmona ] de cualquier manera que encuentre conveniente.”

Esta instantánea demostración de apoyo financiero a una dictadura recién instalada – una que disolvió inmediatamente la constitución, la asamblea general, y el Tribunal Supremo de Justicia del país – no tenía precedentes en la historia del FMI. Típicamente, el FMI no reacciona tan rápidamente, ni siquiera cuando se trata de un gobierno electo. No es ninguna sorpresa que esta decisión haya sido considerada en Venezuela y en otras partes del mundo como un intento del FMI de apoyar el golpe. Washington, que tiene influencia dominante en el Fondo, tenía conocimiento previo sobre el golpe, lo apoyó y financió a algunos de sus líderes – según documentos del gobierno de Estados Unidos.

De igual manera, Venezuela ha mostrado su insatisfacción con el FMI por sus proyecciones consistentemente subestimadas sobre el crecimiento económico del país en años recientes, lo cual el Fondo también ha hecho con Argentina. Los pronósticos del FMI son utilizados extensivamente, y por lo tanto pueden influenciar a inversionistas.

Pero el resentimiento en contra del FMI y del Banco Mundial y las demandas por un cambio, ocurren a nivel mundial. El escándalo en torno a la gestión de Paul Wolfowitz en el Banco Mundial, que está a punto de derribar al presidente más indeseado en su historia, es la última gota que derramó el vaso. El mes pasado, la Oficina Independiente de Evaluación del FMI indicó que a partir de 1999, casi tres cuartas partes de la ayuda otorgada a los países pobres de África subsahariana, no está siendo utilizada. Más bien, a petición del FMI, está siendo utilizada para pagar la deuda y para acumular reservas. Lo que se está haciendo acá es algo terrible para unos de los países más pobres del mundo, que requieren desesperadamente utilizar este dinero para necesidades urgentes, como lo es la pandemia del SIDA/VIH.

Es probable que la decisión tomada por Venezuela fortalezca la posición de los países en vías de desarrollo que están exigiendo reformas serias dentro del FMI y del Banco Mundial. En la actualidad, Estados Unidos, con menos del 5 por ciento de la población mundial, tiene más votos en el FMI que los países que representan la mayoría de la población mundial. Los países en vías de desarrollo del mundo, que cargan con el peso de los errores cometidos por estas instituciones, tienen poca o ninguna voz en la toma de decisiones. La decisión de Venezuela – y de cualquier otro país que le siga – le mostrará al FMI y al Banco Mundial que la opción de retirarse por completo de estas instituciones es muy real.

Si es que esto estimulará reformas que puedan realmente cambiar la relación colonial que estas instituciones mantienen con sus deudores aún queda por verse. Es más probable que estas instituciones simplemente continúen siendo cada vez menos relevantes para los países en vías de desarrollo, como ha venido sucediendo drásticamente durante la última década.


Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación en Economía y Política en Washington, D.C.    

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