Growth

El Desarollo

CEPR examines how policies affect growth, employment, prices, poverty and health.

CEPR examina cómo las políticas afectan el crecimiento económico, el empleo, los precios, la pobreza y la salud.

CEPR examines how policies affect growth, employment, prices, poverty and health.

CEPR examina cómo las políticas afectan el crecimiento económico, el empleo, los precios, la pobreza y la salud.

Op-Ed/Commentary

EuropaEl DesarolloEl Mundo Es probable que Grecia se recupere este año: ¿Está dando resultado la austeridad?
Mark WeisbrotPúblico, 9 de febrero, 2014The Guardian (Reino Unido), 22 de enero, 2014 En Inglés Lea el artículo en el sitio web original Fue hace casi cuatro años que el gobierno de Grecia negoció su acuerdo con el FMI para un duro programa de austeridad que estaba ostensiblemente diseñado para resolver sus problemas presupuestarios. Muchos economistas, cuando vieron el plan, supieron inmediatamente que Grecia estaba comenzando un largo viaje a las tinieblas que duraría muchos años. Esto no era porque el gobierno griego hubiera vivido por encima de sus posibilidades o mentido acerca de su déficit fiscal. Esas condiciones hubieran podido ser corregidas sin tener que soportar seis o más años de recesión. Esto era debido a la “solución” en sí. Cuatro años después, Grecia tiene un ingreso nacional que es alrededor de un cuarto menos que el que tenía previo a la recesión – uno de los peores resultados de una crisis financiera durante el último siglo, comparable a la peor caída durante la Gran Depresión de Estados Unidos. El desempleo ha superado [PDF] el 27 por ciento y más del 58 por ciento para los jóvenes (menores de 25 años).  Hay menos griegos con empleo hoy que durante cualquier momento en los últimos 33 años. Y el gasto público real en salud ha sido recortado [PDF] por más del 40 por ciento, en momentos en que, más que nunca, la gente ha tenido necesidad del sistema de salud pública. El FMI es el socio subordinado en la “troika” (que incluye al Banco Central Europeo y la Comisión Europea) que ha estado al mando de la economía griega durante los últimos cuatro años, pero el Fondo es el que está a cargo de ponerle cifras a la situación. En repetidas ocasiones, pronosticó recuperaciones económicas para los años 2011, 2012 y 2013 que nunca se materializaron. Ahora, el FMI esta pronosticando crecimiento económico para el año 2014. Pero esta vez, es probable que, finalmente, esté en lo cierto. Es de vital importancia que entendamos porqué sucede esto. El mes pasado, el parlamento griego aprobó un programa de estímulo bastante elevado que involucra la construcción de carreteras. Según el Ministerio de Infraestructura, Transporte y Redes, el gasto total para este proyecto será de 7 mil 500 millones de euros durante el próximo año y medio. Esto es equivalente a un 2,7 por ciento del PIB durante ese período. En comparación, el estímulo a nivel federal de EE. UU. que nos ayudó a salir de nuestra Gran Recesión de 2008-2009 (descontando las reducciones presupuestarias por parte de los gobiernos estatales) fue menor al 1 por ciento del PIB. Es probable que este estímulo marque la diferencia entre el crecimiento y otro año de recesión. La mayor parte del financiamiento proviene de subvenciones de la Unión Europea, así que el estímulo no aumenta la deuda de Grecia. En otras palabras, la economía griega va a crecer el próximo año debido al cambio importante en la orientación de la política. La austeridad, o ajuste fiscal, básicamente está llegando a su fin. ¿Por qué es esto tan importante? Porque los individuos que diseñaron o apoyaron las políticas de los últimos cuatro años van a sostener, cuando la economía griega empiece a recuperarse, que la “austeridad dio resultado”. Pero incluso el análisis sobre la economía griega del propio FMI refuta esa afirmación. La austeridad sólo puede “dar resultado” (si uno acepta el obscenamente alto costo humano) si el desempleo masivo logra reducir los salarios lo suficiente como para que la economía se vuelva más competitiva y pueda salir de la recesión a través de un mayor nivel de exportaciones. El FMI pronostica una caída del 20 por ciento en los sueldos y salarios para el período 2010-2014; pero esto no ha sido suficiente para hacer que las exportaciones griegas sean considerablemente más competitivas, según la última [PDF] evaluación del Fondo (en julio). Las exportaciones se han mantenido a niveles bajos y han estado lejos de compensar el ajuste fiscal y el menor gasto nacional privado. La estrategia de “devaluación interna” aún no ha dado resultado en Grecia, y – según el análisis y los datos del FMI – tampoco lo ha hecho para la eurozona en su conjunto. Por supuesto, Grecia aún está lejos de librarse de sus problemas. Con una relación deuda/PIB del 176 por ciento (era de alrededor de un 115 por ciento cuando Grecia comenzó con la austeridad), y enfrentando altas tasas de interés si retorna al financiamiento de mercado, es posible que ocurran más episodios de crisis y otra restructuración de deuda en el futuro. E incluso si el retorno al crecimiento este año convence a los inversionistas de poner su dinero en Grecia, tomará años para que el desempleo alcance niveles humanitarios. Es por eso que es tan importante entender las causas del retorno de Grecia al crecimiento, si es que esto ocurre (es aún posible que sea descarrilado por choques externos). La tragedia humana de los últimos cinco años en Europa, al igual que las repetidas crisis financieras y el daño a la economía mundial ocasionado por malas políticas allí, hubiera podido ser evitada – como lo han sostenido muchos economistas. Pero si miramos hacia el futuro, la eurozona aún está estancada en niveles récord de desempleo (12,1 por ciento), y cuán pronto retorne a la normalidad, dependerá de que tan rápido estén dispuestas las autoridades europeas a cambiar la orientación de sus políticas para la región. Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación en Economía y Política (Center for Economic and Policy Research, CEPR), en Washington, D.C. También es presidente de la organización de política exterior, Just Foreign Policy.  

Mark Weisbrot / 22 Enero 2014

Op-Ed/Commentary

EuropaEl Desarollo ¿Por qué a la economía europea le fue mucho peor que a la de Estados Unidos?
Mark WeisbrotPágina/12, 19 de enero, 2014The Guardian (RR.UU), 16 de enero, 2014 En inglés Ver la versión original Si se compara la recuperación económica de los Estados Unidos desde la Gran Recesión con la de Europa –o más específicamente con los países de la Eurozona– las diferencias son notables y aleccionadoras. La recesión estadounidense técnicamente duró alrededor de un año y medio, desde diciembre de 2007 hasta junio de 2009, aunque por supuesto para los 20,3 millones de desempleados o subempleados de Estados Unidos la recesión aún no terminó. La Eurozona tuvo una recesión de plazo similar, desde enero de 2008 hasta abril de 2009, pero luego cayó en una más larga recesión en el tercer trimestre de 2011 que duró cerca de otros dos años, y de la cual recién podría estar saliendo en la actualidad. Esto conlleva una gran diferencia en la vida de las personas. En la Eurozona, el desempleo está cerca de niveles record de 12,1 por ciento; mientras que en Estados Unidos actualmente es de 6,7 por ciento. A pesar de no ser una medición exhaustiva, estos números son comparables. Por supuesto, en España y Grecia el desempleo es 26,7 y 27,8 por ciento, respectivamente, con un desempleo joven intolerable de 57,4 y 59,2 por ciento. ¿Cómo se explican esas diferencias? Estados Unidos fue el epicentro de la crisis financiera mundial y la recesión en 2008. Pero los hacedores de política de este país respondieron a la recesión con políticas diferentes de las de Europa. La más importante fue la política monetaria. La Reserva Federal bajó las tasas de interés de corto plazo a alrededor de cero en 2008 y las ha mantenido allí desde entonces. La Fed también mostró su intención de mantener estas tasas de interés por un largo tiempo y, aventurándose en territorios sin explorar, se involucró en tres rounds de “relajamiento monetario” (quantitative easing) de más de 2 billones de emisión de dinero. Esto le posibilitó al organismo estimular la recuperación a través de una baja en la tasa de interés de largo plazo, incluyendo la crucial tasa de hipotecas, la cual ayudó a la recuperación del mercado inmobiliario. Luego de algunos estímulos en ambas áreas, los gobiernos de la Eurozona se involucraron en un ajuste presupuestario más temprano y mayor que el de los Estados Unidos, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha mostrado una clara relación entre el ajuste fiscal y el reducido crecimiento del Producto Bruto Interno. Ahora la pregunta es por qué nuestras hermanas y hermanos europeos han sido tan desafortunados de estar sometidos a unas políticas económicas mucho más brutales que las que experimentó Estados Unidos. Hay algunas razones simples, pero fundamentales. Lo más importante es la responsabilidad o, mejor dicho, la falta de responsabilidad de las instituciones que toman las decisiones. En Europa está la llamada “troika”, integrada por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y –reclutado más recientemente– el FMI. Estas instituciones no responden tan directamente a los ciudadanos de la Eurozona, especialmente a los de aquellos países más victimizados (España, Grecia, Portugal, Irlanda e Italia), como lo hacen la Reserva Federal, el Congreso y el Poder Ejecutivo ante los ciudadanos estadounidenses. Mucho de esto les debe sonar familiar a los argentinos que atravesaron la recesión de 1998-2002 y donde el gobierno tuvo que amenazar con defoltear al FMI para poder retornar a políticas económicas tendientes al crecimiento. Aun peor, las autoridades europeas han impulsado una agenda política que involucra aprovechar la crisis para promover ciertas “reformas” que los ciudadanos de los países afectados nunca votarían. Esta no es una teoría conspirativa: en el paper “Consejo de Política Macroeconómica y consultas del artículo IV: El caso de la Unión Europea”, una revisión de 67 reportes del FMI sobre 27 países de la Unión Europea desde 2008 a 2011, mostré un diseño consistente: reducir el tamaño del gobierno, reducir el poder de negociación de la fuerza laboral, cortar gastos de pensiones y salud e incrementar la oferta de mano de obra. Por ejemplo, en los 27 países de la Unión Europea el FMI recomendó ajustes de presupuesto, con recortes en el gasto por sobre incrementos de impuestos. En 15 países hubo recomendaciones sobre el área de salud: 14 fueron para recortar gastos. En 22 de los 27 países hubo recomendaciones para recortar jubilaciones. En la mitad de los países el FMI también aconsejó sobre la legislación laboral: en todos ellos la recomendación fue reducir la protección al empleo, reduciendo las opciones de indemnización por discapacidad, recortar las compensaciones por desempleo, aumentar la edad de jubilación y descentralizar las convenciones colectivas de trabajo. El FMI no es una entidad independiente y los directores europeos tienen influencia en materia de políticas europeas. Por lo tanto, estos papeles nos indican la agenda política de la “troika”, no sólo del FMI. Entonces no es sorprendente que se registren los cambios de política que hemos visto en los últimos años en los países más débiles de la Eurozona, como Grecia, donde el gasto real en salud fue recortado en más del 40 por ciento; o Portugal, donde el número de trabajadores del sector privado con cobertura de contratos sindicalizados se redujo de 1,9 millón a 300 mil. Pero quizá lo aún más notable: esta evidencia muestra por qué el Banco Central Europeo permitió estas crisis financieras tan severas y repetidas en la Eurozona, que impactan sobre la propia Eurozona y la economía mundial por casi tres años. En julio de 2012, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, dijo estas famosas palabras: “Lo que sea necesario”. Las cuales fueron respaldadas unas semanas más tarde por el nuevo programa “Outright Monetary Transactions”, que puso fin a la amenaza de un colapso financiero. Hasta entonces, las autoridades europeas vieron a la crisis como una oportunidad para implementar sus “reformas”. Como el FMI lo pone en el “Reporte 2009”, “la experiencia histórica indica que la consolidación fiscal exitosa fue generalmente lanzada en el medio de problemas económicos o en las primeras etapas de la recuperación”. Todo esto no se toma como un ejemplo en la recuperación de Estados Unidos. Es desgraciado que en Estados Unidos haya menos gente empleada que hace seis años y una menor proporción de trabajadores empleados de la que había en cualquier momento de los ’80 y es innecesario que el gobierno desacelere el crecimiento con recortes presupuestarios. Todo esto cuando la deuda federal tiene una carga de interés neto de menos del uno por ciento del ingreso nacional, que es casi tan bajo como en la era post Segunda Guerra Mundial. No obstante, la experiencia de la Eurozona muestra cuán peor puede ser cuando se pierde la mayoría del control sobre el diseño de las políticas económicas más importantes de gobierno. Luego de que más de veinte gobiernos europeos hayan caído durante esta crisis prolongada, el ritmo de este ajuste presupuestario destructivo está finalmente reduciéndose: desde cerca del 1,5 por ciento del Producto Interno Bruto en 2012 al 1,1 por ciento en 2013 al 0,35 por ciento en 2014. Pero quién sabe cuántos más años le llevará alcanzar niveles normales de empleo. Así es como la democracia luce en la Eurozona en términos económicos, operando a duras penas en dolorosa cámara lenta.   Mar Weisbrot es Codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C. y president de Just Foreign Policy (www.justforeignpolicy.org).

Mark Weisbrot / 21 Enero 2014

Op-Ed/Commentary

Globalización y comercioEl DesarolloAmérica Latina y el Caribe A veinte años del TLCAN: A México le pudo haber ido peor, pero no está claro cómo
Mark WeisbrotThe Guardian (RR.UU), 4 de enero 2014 En Inglés Ver la versión original en inglés Fue hace 20 años que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre EE.UU., Canadá y México fue implementado. Acá en Washington, D.C., la fecha coincide con un brote de la bacteria criptosporidio en el suministro de agua de la ciudad, que obligó a los residentes a tener que hervir el agua antes de beberla. La broma en la ciudad era, “¿Ves lo que pasa? El TLCAN entra en efecto y acá no se puede beber el agua”. Dejando a un lado nuestra descuidada infraestructura, es fácil ver que el TLCAN fue un mal negocio [PDF] para la mayoría de estadounidenses. Los prometidos superávits comerciales con México resultaron ser déficits, se perdieron unos cientos de miles de trabajos y los salarios en EE.UU. sufrieron una presión a la baja – lo cual, a fin de cuentas, era el propósito del acuerdo. No sucedió como con la integración económica de la Unión Europea (previo a la eurozona), la cual asignó cientos de miles de millones en ayuda al desarrollo para los países más pobres de Europa con el objetivo de que sus niveles de vida alcanzaran el promedio. La idea era poner presión a la baja sobre los salarios, en dirección a los de México, y crear nuevos derechos para las corporaciones en la zona comercial: estas afortunadas empresas multinacionales podían ahora demandar a los gobiernos directamente ante un tribunal internacional, pro empresas y sin obligación de rendirle cuentas a ningún sistema judicial nacional, por implementar normas (p. ej., ambientales) que infringieran sobre su capacidad de generar ganancias. Pero ¿qué fue México? ¿No se beneficio al menos México del acuerdo? Bueno, si consideramos los últimos 20 años, no es una bonita imagen. La medida más básica del progreso económico, especialmente para un país en desarrollo como México, es el crecimiento del ingreso (o PIB) por persona. De 20 países latinoamericanos (Centro y Sudamérica más México), México se ubica en el puesto número 18, con un crecimiento anual de menos del 1 por ciento desde 1994. Es posible argumentar, desde luego, que a México le hubiera ido peor sin el TLCAN, pero entonces la pregunta sería, ¿por qué? Entre 1960 y 1980, el PIB por persona de México tuvo un crecimiento de casi el doble. Esto significó un enorme aumento en los niveles de vida para la gran mayoría de mexicanos. Si el país hubiera continuado creciendo a ese ritmo, hoy tendría niveles de vida europeos. Además, no había ninguna barrera natural que detuviera ese tipo de crecimiento: esto fue lo que sucedió con Corea del Sur, por ejemplo. Pero México, al igual que el resto de la región, inició un largo período de cambios de política neoliberales que, comenzando por la manera en que afrontó la crisis de la deuda a inicios de los años 80, se deshicieron de las políticas industriales y de desarrollo, le dieron un papel más importante a un modelo desregulado de comercio internacional e inversión y le dieron mayor prioridad a una política fiscal y monetaria más restrictiva (incluso, en algunas ocasiones, durante recesiones). Dichas políticas pusieron fin al período anterior de crecimiento y desarrollo. La región en su conjunto creció a un ritmo de apenas 6 por ciento por persona entre 1980 y 2000, y México tuvo un crecimiento del 16 por ciento – muy lejos del 99 por ciento registrado durante los 20 años anteriores. Para México, el TLCAN contribuyó a consolidar las políticas económicas neoliberales y anti desarrollo que se habían implementado en la década anterior, consagrándolas en un tratado internacional. También ató a México, aún más, a la economía de EE.UU., la cual no tuvo mucha suerte durante las dos décadas posteriores al tratado: los incrementos en la tasa de interés de la Reserva Federal en 1994, el colapso del mercado de valores (2000-2002) y la recesión (2001) en EE.UU., y especialmente el colapso de la burbuja inmobiliaria y la Gran Recesión de 2008-2009, tuvieron un mayor impacto en México que en casi cualquier otro lugar de la región. Desde el año 2000, la región latinoamericana en conjunto ha tenido un incremento en su tasa de crecimiento anual por persona de alrededor de 1,9 por ciento – no como el de la era previo a 1980, pero sí una importante mejora en comparación con las dos décadas anteriores cuando experimentó uno de apenas 0,3 por ciento. Como resultado de este rebote en el crecimiento, y también de las políticas anti pobreza implementadas por los gobiernos de izquierda electos en la mayor parte de Sudamérica durante los últimos 15 años, los niveles de pobreza en la región han disminuido considerablemente. Dichos niveles tuvieron una caída desde un 43,9 por ciento en 2002 hasta el 27,9 por ciento en 2013, luego de dos décadas sin progreso alguno. Pero México no ha participado en este tan esperado rebote: su crecimiento se ha mantenido por debajo del 1 por ciento, menos de la mitad del promedio regional, desde 2000. Y no sorprende que México haya tenido una tasa nacional de pobreza de 52,3 por ciento en 2012, manteniéndose básicamente al mismo nivel que registraba en 1994 (52,4 por ciento). Sin el crecimiento económico resulta difícil reducir la pobreza en un país en desarrollo. Es probable que las cifras fuesen aún peor si no fuera por la migración que ocurrió durante este período. Millones de mexicanos fueron desplazados de la agricultura, por ejemplo, luego de que se vieran forzados a competir con la subsidiada y altamente productiva agroindustria de Estados Unidos, gracias a las normas del TLCAN. Es difícil imaginar que México estuviera en peor estado sin el TLCAN. Quizás esto sea parte de la razón por la cual la propuesta de Washington de un “Área de Libre Comercio de las Américas” fue rotundamente rechazada por la región en 2005 y la propuesta de la Alianza Transpacífica se encuentra en problemas. Es interesante que cuando los economistas que promovieron el TLCAN desde un inicio son llamados a defender el acuerdo, el mejor resultado que pueden ofrecer es que produjo un aumento en el comercio. Pero el comercio no es, para la mayoría de humanos, un fin en sí mismo. Ni tampoco lo son los muy mal llamados “acuerdos de libre comercio”.   Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación en Economía y Política (Center for Economic and Policy Research, CEPR), en Washington, D.C. También es presidente de la organización de política exterior, Just Foreign Policy (www.justforeignpolicy.org).

Mark Weisbrot / 04 Enero 2014

Op-Ed/Commentary

El DesarolloAmérica Latina y el Caribe Creyéndose la idea de una burbuja: El dólar del mercado negro en Venezuela
Mark WeisbrotPanorama, 21 de noviembre 2013Folha de São Paulo, 13 de noviembre 2013Huffington Post, 13 de noviembre 2013 En Inglés | En Portugués Ver la versión original (En Español) Las burbujas de activos son tan viejas como el mercado. Pueden tener diferentes orígenes y detalles históricos, pero la dinámica central es relativamente simple: la gente compra algo porque su precio va en subida y porque cree que seguirá subiendo. Esto eleva el precio aún más y convence a más personas a que compren por las mismas razones. Hasta que la realidad se entromete y la burbuja se desploma. En las últimas dos décadas, Estados Unidos experimentó dos de las burbujas de activos más importantes en la historia mundial: la burbuja en el mercado de valores, la cual estalló entre 2000 y 2002, y la burbuja inmobiliaria, la cual estalló en 2006. Ambas tuvieron serias consecuencias: ambas provocaron recesiones tras estallar, y la burbuja en el mercado de la vivienda causó la Gran Recesión, nuestra peor recesión desde la Gran Depresión. Estas burbujas también fueron particularmente dolorosas para las personas que compraron esos activos durante o cerca del momento en que éstas alcanzaron su punto máximo, y muchas perdieron sus hogares cuando la burbuja inmobiliaria estalló. Consideremos ahora una burbuja de activos contemporánea: en Venezuela existe una burbuja en el mercado negro de dólares, la cual según la información disponible, ha alcanzado hasta el momento unos 59 bolívares fuertes (Bs.F.) por dólar, un aumento desde 18 Bs.F. en enero. El tipo de cambio oficial es de 6,3 Bs.F y hay otro tipo de cambio que es determinado en subastas del gobierno, el cual, según se informa, es de alrededor de unos 12 Bs.F. ¿Por qué recientemente el precio del dólar en el mercado negro ha subido tan rápidamente? La razón principal es que la gente espera que este precio continúe subiendo, al igual que los estadounidenses esperaban que el precio de la vivienda siguiera subiendo en Estados Unidos en 2006. Pero no hay razón creíble para que esto suceda. Es cierto que la inflación ha aumentado durante el último año, pero el aumento no se ha acelerado y ni siquiera ha sido consistente. Alcanzó un punto máximo en mayo, situándose en 6,1 por ciento ese mes, para luego caer hasta un 3 por ciento en agosto. Desde entonces, ha rebotado hasta un 4,4 por ciento en septiembre y 5,1 por ciento en octubre, pero es claro que no se trata de un escenario de hiperinflación. El gobierno dice que no tiene planes de devaluar, pero incluso si dejara flotar la moneda de manera completamente libre en relación al dólar, nunca alcanzaría un nivel ni siquiera cercano al tipo de cambio en el mercado negro. Así que un venezolano que ahora compra dólares en el mercado negro porque piensa que es una reserva de valor, o como protección contra la inflación, está creyéndose la idea de que hay una burbuja. Es como comprar acciones del NASDAQ en EE.UU. cuando éste alcanzaba un nivel de 5.050 en marzo de 2000. (Cayó luego hasta un nivel de 1.140 en octubre de 2002 y se encuentra ahora a uno de 3.860, más de 10 años después.) Por supuesto, todas las burbujas producen argumentos populares para comprar. ¿Recuerdan la “nueva economía” en EE.UU. que fue utilizada para justificar precios sin ninguna relación con la realidad en el mercado de valores? En Venezuela, muchas personas piensan que están realizando una apuesta segura a que no pueden perder cuando compran dólares. Estas personas se llevarán una sorpresa cuando la burbuja estalle.  Mark Weisbrot es codirector del Centro de Investigación en Economía y Política (Center for Economic and Policy Research, CEPR), en Washington, D.C. También es presidente de la organización de política exterior, Just Foreign Policy.

Mark Weisbrot / 13 Noviembre 2013

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