Datos de las Elecciones Bolivianas Añaden Más Pruebas de que la OEA Fabricó Las Denuncias de Fraude del Año Pasado

22 Octubre 2020

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El MÁS recibió más votos en 2020 en casi todos los 86 recintos sospechosos según la OEA en 2019

El domingo 20 de octubre, los bolivianos acudieron a las urnas y, por abrumadora mayoría, eligieron como presidente a Luis Arce del partido MAS. Los conteos rápidos privados publicados la noche de la votación mostraron que Arce recibió más del 50% de los votos y tenía una ventaja de más de 20 puntos porcentuales por encima del candidato en el segundo lugar, Carlos Mesa. Hasta el miércoles por la mañana, un poco más del 88% de los votos se había contabilizado en el sistema de resultados oficiales, y la ventaja de Arce ha ido aumentando. El porcentaje de votos del candidato del MAS es, al momento de redactar este artículo, del 54,5 en comparación con el 29,3 para Mesa. A medida que se cuenten los votos finales, es probable que la proporción de votos de Arce aumente aún más.

En estos momentos, la victoria de Arce es incuestionable. La elección se produjo casi exactamente un año después de las elecciones de octubre de 2019, que fueron seguidas por protestas violentas y la destitución del entonces presidente Evo Morales, quien renunció bajo presión militar. Los resultados oficiales de esa votación mostraron que Morales y el partido MAS ganaron con una ventaja de 10,56 puntos porcentuales sobre Mesa, por encima del margen de victoria de 10 puntos necesario para que Morales venciera en las elecciones sin tener que presentarse a una segunda vuelta. Sin embargo, la Organización de los Estados Americanos (OEA) sostuvo que hubo una supuesta manipulación generalizada de los resultados, alimentando una narrativa de fraude electoral que sirvió de pretexto para el golpe de Estado del 10 de noviembre de 2019.

Con la victoria de Arce en 2020 prácticamente confirmada, ¿qué nos dicen los resultados de 2020 sobre las acusaciones de fraude de la OEA en los comicios del año pasado?

Las denuncias iniciales de la OEA que señalaban un fraude se centraron en un supuesto cambio “drástico” e “inexplicable” en la tendencia del voto, que presuntamente tuvo lugar después de que el sistema de resultados preliminares, o TREP, fuera suspendido por casi 24 horas. En el tiempo transcurrido desde entonces, múltiples análisis estadísticos —del CEPR (comenzando el día después de las acusaciones de la OEA), y de académicos del MIT, de Tulane, de la Universidad de Pensilvania y de otros lugares— han demostrado que el análisis estadístico de la OEA es profundamente defectuoso. De hecho, no hubo ningún cambio “inexplicable” en la tendencia del voto.

La OEA se ha negado a responder tanto a estos estudios como a las preguntas sobre su análisis estadístico por parte de miembros del Congreso de Estados Unidos. En su lugar, la OEA ha señalado otras supuestas irregularidades identificadas en su auditoría. La organización terminó que su análisis estadístico era solo informativo, pero que la evidencia real estaba en una auditoría que la OEA realizó después de las elecciones.

En esa auditoría, la única evidencia que pretendió mostrar un impacto real en los resultados de las elecciones estuvo en 226 actas de 86 centros de votación en todo el país. La OEA alegó que las actas fueron manipuladas. Señaló que, si se eliminaban los votos para Morales de todas esas 226 actas, desaparecería la ventaja que le dio la victoria en primera vuelta por haber superado el umbral de 10 puntos porcentuales. Es decir, esas 226 actas sirvieron como supuesta prueba de que Morales había hecho trampa para ganar en la primera vuelta.

Extractos del informe de auditoría de la OEA.

En marzo de 2020, el CEPR publicó un informe de 82 páginas detallando cómo el resto de las acusaciones de la OEA eran tan defectuosas como el análisis estadístico que produjo los cimientos de la narrativa de fraude que llevó a la destitución forzada de Morales. Examinamos esas 226 actas, mostrando las fallas en el análisis de la OEA y señalando que los resultados en esos centros de votación coincidían estrechamente con los resultados de elecciones anteriores. En realidad, no había nada sorprendente en que al MAS le fuera extremadamente bien en esas áreas. Además, notamos que, si bien los funcionarios de la OEA habían mencionado públicamente en repetidas ocasiones la existencia de actas falsificadas, los auditores no habían proporcionado evidencia para respaldar esa acusación.

Ahora ya con resultados desagregados de las elecciones de este domingo, podemos ver que los resultados en los centros donde la OEA supuestamente identificó actas adulteradas siguen los mismos patrones que en las elecciones de 2019. A continuación, la tabla 1 presenta los resultados de 2020 (con el 88% del total de votos contabilizados) en los 86 centros de votación donde la OEA alegó que las actas de escrutinio habían sido manipuladas el año pasado.

Tabla 1

Tenemos datos parciales para al menos 81 de los 86 centros de votación y, en todos menos 9, el porcentaje de votos para el MAS ha aumentado en comparación con los comicios de 2019.

En 2019, la OEA y otros observadores parecían escandalizados por el hecho de que, en muchas áreas rurales, Morales había recibido más del 90% de los votos y, en algunos casos, incluso el 100% de los votos. Y afirmaron que esto seguramente bastaba como prueba del fraude. Pero los resultados de 2020 que tenemos hasta el momento desacreditan aún más las afirmaciones infundadas de la OEA, que sirvieron de justificación para un golpe de Estado y para la represión que vino detrás. Hasta el día de hoy, exfuncionarios electorales permanecen bajo arresto domiciliario, siendo la auditoría de la OEA el único sustento de su detención.

Como señalamos en nuestro informe de marzo, las comunidades a las que pertenecen esas 226 actas y que fueron sujeto del análisis de la OEA son, en la mayoría de los casos, predominantemente indígenas. Aunque puede resultar sorprendente ver a un candidato recibir el 100% de los votos, en realidad no lo es. La votación comunitaria —en la que una comunidad llega a un consenso sobre por quién votar— es un fenómeno ampliamente reconocido en Bolivia.

Lo que alegó la OEA es que los jurados electorales que son ciudadanos seleccionados aleatoriamente por la autoridad electoral (TSE) para servir como funcionarios electorales en cada mesa de votación no escribieron sus nombres en las actas, sino que alguien más había escrito sus nombres. Siendo claros, la OEA no alega que las 226 actas fueron llenadas por la misma persona (en ningún caso la OEA alega que una misma persona llenó más de 7 actas). Además, en solo uno de los 226 casos, la OEA señala problemas con las firmas en las actas. En lugar de fraude, la explicación más probable para esto es simplemente que un notario (cada notario supervisa alrededor de 8 mesas de votación), o algún otro funcionario con letra clara y legible, escribió los nombres y luego cada miembro del jurado firmó el acta. No queda claro, en base a la normativa electoral, que esto sea siquiera una violación de la ley electoral. De cualquier manera, los resultados de 2020 confirman además que no hubo nada fuera de lo normal en los resultados de esas 226 actas en 2019. Además, lo que la OEA identificó como irregularidades no tuvo un impacto perceptible en los resultados de las elecciones.

No podemos volver a 2019, ni borrar la violencia racista desatada en contra de la población tras el golpe. El domingo, los bolivianos demostraron su valentía y el poder de los movimientos sociales organizados para corregir el daño de 2019. Pero esa victoria no debería permitirnos olvidarnos de 2019, o del papel que jugaron los actores internacionales en el derrocamiento de un Gobierno elegido democráticamente. Esas 226 actas nunca mostraron un fraude, como afirmó la OEA. Sin embargo, sí revelan cómo la OEA privó de sus derechos a decenas de miles de indígenas bolivianos en sus descarados intentos por justificar la destitución antidemocrática de un líder electo.

Traducción de Francesca Emanuele

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